- AGO. 17, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Zapatitos desperdigados. Restos de carrocería. La cámara deambula por el lugar del más reciente de los “accidentes” de tránsito cerca de Cuenca: un autobús perdió los frenos y se fue encima de un taxi; seis muertos, casi 20 heridos.
La cámara enfoca indiscriminadamente a los pasajeros que lucen golpeados, ensangrentados y aturdidos. Se introduce la toma de un pasajero en la camilla de un hospital. La persona, cubierta con una cobija, regresa a ver la cámara invasora. Las imágenes recurrentes (las más sensacionalistas, claro) son los alaridos de dolor de los familiares de los muertos ante los nichos.
Sucedió esta semana. Pero las imágenes pueden ser de hace quince días, un mes, seis meses, un par de años. Cada final de feriado el ejercicio mediático es contar muertos y las escenas de dolor.
Ecuavisa trató de contextualizar las víctimas del último fin de semana largo, pero la cosa ya no está como para medias tintas. Porque –como informaba el mismo canal– las carreteras se han convertido en la principal amenaza para la salud pública de los ecuatorianos con miles de muertos, heridos, mutilados, etcétera.
Así que a estas alturas, es ilógico no enfocarse en algo tan grave y ponerlo en la agenda de discusión pública con investigaciones, debates, reportajes especiales, antes que promocionando bailes, conciertos y cancioncitas como hace Bernardo Abad en Teleamazonas. Comenzar, por ejemplo, a preguntarse si es correcto hablar de “accidentes de tránsito”, como si fuera una cosa del azar y no un problema de país con sus causas, responsables, víctimas.