- AGO. 15, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Gisela Valcárcel, ama de casa, comprometida con la Veeduría Ciudadana de la Comunicación, se presentó en un popular programa de entrevistas en un canal nacional de TV y lanzó una idea: ¿qué tal una campaña contra la televisión nociva? La idea tuvo una respuesta inesperada: surgieron más de mil cartas de televidentes comprometiéndose con esta propuesta crítica.
Como es de suponer, no se ensalzaban programas de televisión sino se los cuestionaba, y se detenía especialmente en los talk show, los faranduleros y ciertos concursos vespertinos. En todos los casos se mostró un deseo colectivo por una TV ética que respete y tome en cuenta los derechos del público.
Las cartas se reunieron en un estudio, donde se concluyó: “Estamos frente a un público crítico de la televisión. Y al definirse así, esperan más de ella. Son ciudadanos consumidores de la televisión que expresan sus puntos de vista. Ante tantas quejas, nos seguimos preguntando ¿por qué si hay tanto cuestionamiento se siguen manteniendo programas altamente cuestionados? ¿De dónde surge ese interés de mantener tanta mediocridad? ¿Es que la calidad y ética comunicativa vale menos que el famoso y vilipendiado rating? La palabra ciudadana en centenares de cartas nos puede orientar al respecto.
La experiencia sucedió en el Perú, ¿pero, por qué no puede suceder en el país? ¿Por qué no escribir esas cartas donde expresen lo que piensan y lo que quieren de la TV? Sería un gran paso adelante.