Al reflexionar respecto a dónde irá a parar, en última instancia, una larga carrera de dibujos y modelos arquitectónicos, Frank Gehry no se concentra estrictamente en instituciones a las que se siente cercano —como, por ejemplo, el Museo Guggenheim, para el que diseñó una famosa sucursal, en Bilbao, España. Quiere determinar qué lugar pagará por ellos.
“No quiero regalarlo. Es un activo”, comentó Gehry. “Es lo único en la vida que uno acumula, y es propiedad de uno. Y he gastado mucho en arriendo para conservarlo”.
Gehry, de 78 años, está entre una pequeña, aunque influyente, cantidad de arquitectos célebres que piensan vender sus archivos —que pueden incluir decenas de miles de objetos, desde múltiples modelos a gran escala y grandes cantidades de dibujos, hasta correspondencia y otros registros— mientras aún ejercen. Barry Bergdoll , curador titular de arquitectura y diseño en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, comentó que le han ofrecido el archivo de Gehry y que el rango de precio era “multimillonario”. Se negó a ser más específico.
“Hay un cambio de proporciones sísmicas”, dijo Bergdoll. “Solía ser que los arquitectos estaban muy agradecidos de que hubiera alguien interesado en dedicar espacio a su obra, y la donaban. Ahora los arquitectos ven sus diseños como una fuente de ganancias”.
El arquitecto Peter Eisenman, de 74 años, dice que no podía darse el lujo de no vender sus archivos, cosa que hizo por una cantidad no revelada al Centro Canadiense de Arquitectura, en Montreal; la venta fue realizada, en partes, en el transcurso de los últimos diez años. El objetivo era dejarle un patrimonio a sus hijos, señaló.
“No estoy en posición de regalarlo”, afirmó el arquitecto, cuyos proyectos han incluido el Centro Wexner para las Artes, en Columbus, Ohio, y el Monumento Conmemorativo en Memoria de los Judíos de Europa Asesinados, en Berlín. Actualmente se encuentra en proceso de negociar con la Biblioteca Beinecke, de la Universidad de Yale, parte de su colección de libros y revistas, que irían parcialmente como donación.
El poder de negociación de estos arquitectos es respaldado por el aumento en la apreciación popular de la arquitectura como forma de arte. “La arquitectura es una de las muchas expresiones de la cultura del momento”, afirmó Wim de Wit, curador de colecciones arquitectónicas del Instituto de Investigación Getty. “Es tan importante como un archivo literario o los archivos de artistas”.
Los archivos de escritores famosos han generado grandes sumas o estimulado ofertas competitivas por parte de coleccionistas individuales e instituciones. Pero los archivos en Estados Unidos generalmente son donados, no vendidos, afirman los expertos, debido a que las instituciones que las codician no tienen grandes presupuestos de adquisición y la prioridad de los donantes normalmente es simplemente asegurarse de que su material encuentre un hogar apropiado.
“Hay una cantidad relativamente pequeña de depósitos en Estados Unidos que tienen dotaciones financieras que les permiten hacer compras de más de cien mil dólares”, dijo Mark A. Greene, vice presidente de la Sociedad de Archivistas Estadounidenses.
“A la mayoría de los donantes los satisface que sus colecciones sean de suficiente valor histórico como para que un sitio quiera adquirirlas en primer lugar”.
Y mientras que docenas de instituciones coleccionan documentos de autores, sólo un puñado colecciona material arquitectónico, afirman los académicos. Y ninguna puede alojar fácilmente los archivos de los profesionales contemporáneos.
Algunos en el campo sugieren que todos sus colegas deberían donar sus archivos a instituciones en lugar de exigir un precio.
El arquitecto Charles Gwathmey dijo acerca de vender archivos: “Creo que está mal. Los archivos son parte del registro. ¿Cómo se les puede siquiera asignar un valor?”. Peter B. Lewis, filántropo y fan de Gehry desde hace mucho tiempo, encargó un estudio hace dos años acerca del valor del archivo de Gehry —no quiso revelar los resultados— y aún evalúa posibles hogares para él.
Jennifer Frutchy, asesora filantrópica de Lewis, señaló que el archivo podría ser único en términos de tamaño, pues consiste en alrededor de 2.800 metros cuadrados de modelos, una biblioteca de diapositivas, un archivo digital y más de cinco mil dibujos.
“El archivo de Frank es realmente enorme”, afirmó Frutchy. “Realmente sirve como base no sólo para el siglo XX, sino para el siglo XXI y aún más allá. En términos de educación e investigación, es una mina de oro”.