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Bloquean a japonesas camino a empleos altos

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Yukako Kurose, (arr.), y Takako Ariishi vieron sus trayectorias descarrilarse después de tener bebés.
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Agosto 12, 2007

Por MARTIN FACKLER | TOKIO

Yukako Kurose se unió a la fuerza laboral en 1986, un año después que Japón aprobó su primera ley de igualdad de oportunidades.

Al igual que otras mujeres con miras profesionales, esperaba que la ley le abriera puertas. Sin embargo, su prometedora trayectoria en las oficinas corporativas de una tienda departamental terminó hace quince años, cuando tuvo un bebé.

Fue pasada por alto para ascensos después de que comenzó a salir del trabajo antes de las seis y media cada tarde, para recoger a su hija de la guardería. Luego, fue relegada a un trabajo de escritorio sin futuro. Finalmente, renunció.

“Las costumbres laborales japonesas hacen casi imposible que las mujeres tengan una familia así como una trayectoria profesional”, expresó Kurose, de 45 años, quien ahora trabaja para una compañía fabricante de poliéster.

Desde que se aprobó la Ley de Igualdad de Oportunidad en el Empleo, en 1985, las mujeres se han vuelto una presencia común en las fábricas, en obras de construcción y tras los volantes de taxis. Han tenido mucho menos éxito para alcanzar puestos de autoridad.

En 1985, las mujeres ocupaban sólo el 6,6 por ciento de todos los empleos gerenciales en las compañías japonesas y el gobierno, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, dependencia de Naciones Unidas. Para 2005, esa cifra se había incrementado a sólo el 10,1 por ciento, aunque los 27 millones de mujeres trabajadoras de Japón componían casi la mitad de su fuerza laboral.

Las estadísticas gubernamentales muestran que muchas mujeres abandonan empleos con posibilidades de ascender a nivel gerencial cuando llegan a los 25 ó 30 años y comienzan a tener hijos. A medida que declina rápidamente el índice de natalidad de Japón y envejece su población, existe la creciente preocupación de que Japón difícilmente puede darse el lujo de perder tanto potencial.

“La mayoría de las mujeres se dará por vencida si se espera que trabajen quince horas diarias”, expresó Kuniko Inoguchi, ex Ministra del Gabinete a cargo de la igualdad de género. “Japón pierde la mitad de su capacidad intelectual justo en momentos que enfrenta una escasez de mano de obra”.

Aun ante la evidente discriminación, las demandas siguen siendo escasas, debido a una aversión cultural hacia el litigio. Y pese a dos revisiones, la ley de 1985 no incluye un verdadero castigo para las compañías que discriminan. El ritmo dolorosamente lento del cambio refleja las arraigadas actitudes sociales respecto a los papeles de género.

Takako Ariishi, de 36 años, experimentó una versión extrema de estos papeles cuando creció como la hija única del presidente de Daiya Seiki, pequeña fábrica propiedad de su familia, que provee indicadores a Nissan.

Al principio, su decepcionado padre le cortó el cabello como varón y le prohibió jugar con muñecas. Cuando ella tuvo su primer hijo, hace diez años, la despidió de la compañía y designó al pequeño nieto como su sucesor.

Aún así, Ariishi asumió la presidencia hace tres años, después que falleció su padre. Afirma ser la única mujer en un grupo de unos 160 directores de proveedores de Nissan.

Dice que llega a casa todas las noches a las siete para acostar a su hijo, pero luego regresa al trabajo.

Los defensores de los derechos de la mujer dicen que la necesidad de encontrar trabajadores talentosos ha obligado a un pequeño, pero creciente, número de compañías a hacer más esfuerzos para contratar mujeres como “sogo shoku,” o empleados con posibilidad de hacer trayectoria.

Los defensores de los derechos también señalan estudios que muestran que naciones con una mayor participación en el lugar de trabajo, como Estados Unidos, de hecho tienen mayores índices de fertilidad. Esto, dicen, se debe a que las mujeres trabajadoras en otros países comienzan a tener hijos a una edad más temprana, mientras que muchas que abandonan la fuerza laboral no los tienen hasta los treintaitantos años.

“Los índices de natalidad en Japón bajan debido a una falta de igualdad para las mujeres”, expresó la ex Ministra Inoguchi. “La escasez poblacional obliga a un cambio en actitudes”.


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