“Explore el mundo”, prometía el anuncio colgado en el exterior.
Adentro de Norling Cyberworld, en una esquina del segundo piso de una bulliciosa galería comercial, Dorji Wangchuk se arremangó su camiseta y ofreció un vistazo a sus exploraciones terrenales. En la pálida parte interna de su antebrazo izquierdo, en tinta negra azulada, estaba la imagen de un dragón, tatuaje que él mismo se había hecho, con instrucciones de Internet.
Esta noche navegaba por www.tattoodles. com y tramaba hacerse un nuevo tatuaje —otro dragón, el símbolo nacional de Bután. No importa que los tatuajes sean un tabú en el país.
“De acuerdo con nuestra cultura, no es bueno”, reconoció Wangchuk, de 24 años, al agregar con una sonrisa: “Es mi pasatiempo. No puedo evitarlo”.
En el pasado, Bután se protegió del mundo exterior con tanta vehemencia que no permitió la entrada de la televisión por satélite hasta hace sólo siete años. Hoy en día, la globalización está oficialmente aprobada.
Wangchuk es parte de la primera generación de Bután en llegar a la mayoría de edad con todos los accesorios de la cultura juvenil global: Internet abierta, televisión vía satélite casi sin restricciones, básquetbol, zapatillas de marca y, ahora resulta, tatuajes. Los jóvenes dominan Bután. De sus aproximadamente 700 mil habitantes, el 49 por ciento es menor de 21 años, de acuerdo con el censo.
En la actualidad, al menos en Thimbu, la capital, el exterior y el interior coexisten. Altas banderas blancas de oración adornan la ladera de una colina como ofrendas de buena voluntad para lo que los budistas llaman seres sensibles, al tiempo que las atrevidas rimas del rapero Snoop Dogg resuenan en la disco.
De vez en cuando, el gobierno ha encontrado desconcertante la disonancia.
Un canal de deportes, llamado Ten Sports, fue sacado del aire poco después de la introducción de la televisión vía satélite, porque sus programas de lucha libre se habían vuelto tan populares que los muchachos en todo Bután los imitaban, para gran disgusto de las autoridades.
MTV también quedó fuera del aire, junto con Fashion TV, que Karma Ura, destacado académico de Thimbu, describió como antiético a la tradición budista butanesa. Fashion TV, en sus palabras, no tenía “valor para mitigar el sufrimiento”.
Él desconectó por completo su televisor, al descubrir que pese al estímulo esporádico, arruinaba sus ojos y su mente. “Uno básicamente entrega su conciencia”, expresó Ura, director del Centro para Estudios Butaneses, organización financiada por el gobierno que cavila sobre problemáticas de cultura e identidad. A su hija de siete años, le dijo que tendría que renunciar a las caricaturas.
Más sorprendente, quizá, que los sentimientos expresados por Ura, es la ambivalencia de Nyema Zam, de 26 años y educada en India, quien dirige la unidad de televisión vía satélite para la paraestatal Bhutan Broadcasting Service. Zam se esforzó mucho por señalar los beneficios de abrirse a los medios extranjeros.
“La televisión”, manifestó, “ha sido el medio a través del cual nuestro pueblo logra informarse sobre otras culturas”, como enterarse de la existencia del Día de San Valentín, que consideró buena educación para sus compatriotas. “Nosotros los butaneses somos muy, cómo dicen ustedes, poco románticos”, declaró.
Al mismo tiempo, la televisión extranjera ha provocado cambios que la hacen sentir profundamente incómoda. Hasta sus abuelos ahora veían telenovelas de India en hindi, idioma que habría sido extraño para sus oídos hace unos cuantos años. “Antes nos sentábamos juntos en casa y cenábamos”, expresó. “Ahora todo el mundo ve la televisión”.
Es un sentimiento extraño, al provenir de la ejecutiva de televisión a cargo de distribuir licencias de conexión satelital a proveedores privados. “A largo plazo”, continuó Zam, “podría no ser bueno para la cultura que tanto nos hemos esforzado por proteger”.
Sólo existen 33 mil televisores en todo el país, y se calcula que más de la mitad tiene conexiones satelitales que ofrecen hasta 30 canales, informó Zam.
En cuanto a Internet, el universo es aún más pequeño.
A nivel nacional, el número de usuarios de Internet se calcula en 25 mil.