- AGO. 05, 2007 - Foto - Migración - EL UNIVERSO
Los españoles consideran que el aporte de los inmigrantes es fundamental para el desarrollo económico del país, pero al mismo tiempo creen que su número es excesivo y solo la mitad estaría dispuesto a alquilarles un piso (departamento).
¿Estamos ante una situación de racismo? En organizaciones que asisten día a día en denuncias interpuestas por extranjeros víctimas de agresiones, discriminación en el derecho de admisión en los locales de ocio, trato vejatorio en establecimientos, agresiones en los medios de transporte o acoso vecinal, por “no ser del lugar”, se muestran convencidos de que es una tendencia que aumenta.
Desde marzo pasado, la ecuatoriana Rosa Encalar no ha podido reincorporarse a su trabajo como guardia de seguridad. Los golpes que le propinó un vecino le destrozaron las cervicales.
Las miradas esquivas o los comentarios racistas han salpicado los diez años que ella vive en España. “Uno se acostumbra a eso, pero que le lleguen a golpear es inconcebible”. El agresor se quejaba por los ruidos que se filtraban en su apartamento. Cuando la discusión subió de tono Rosa fue golpeada a los pies del ascensor.
Cuando Richard, su hijo de 22 años, intentó rescatarla, un grupo de vecinos los persiguió por las calles de Puerta del Ángel, en Madrid. Su caso reposa en el despacho de SOS Racismo y se suma a la veintena de denuncias relacionadas con conflictos vecinales que ha receptado la entidad en las últimas semanas.
El perfil de las víctimas, explica el portavoz del organismo, Diego Llorente, corresponde a “personas que llevan años en España, muchas han obtenido la nacionalidad y les inquieta pensar en el futuro de sus hijos”.
“Un percance de escasa importancia puede servir de excusa para que afloren todos los prejuicios contra los inmigrantes...”, añade la psicóloga de la entidad, Zaira Bitar.
El problema, insiste Llorente, es que “las sentencias pocas veces castigan al agresor”. En el caso de Rosa, el juez dictaminó que lo ocurrido no era delito y se sancionó como una falta.
El fenómeno de la inmigración, percibido como un problema, y el miedo por parte de los autóctonos a la pérdida de estatus hacen que surjan brotes xenófobos, dice Amapola Blasco, directora del Observatorio Español de Racismo y Xenofobia.
Según una encuesta, realizada entre noviembre y diciembre pasados por el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía, nueve de cada diez españoles aceptarían trabajar con inmigrantes. El 84,4% asegura que no le molestaría tenerlo como jefe. Pero a más intimidad, menos apertura: el 72,8% toleraría que su hijo/a se casara con uno de ellos.
En alquilarles un piso está de acuerdo solo el 56,9%.