domingo 05 de agosto del 2007 Columnistas

Cheerleaders

Como es bien sabido, muchas iglesias del mundo cuentan con sus propios signos y ritos para identificarse. Son asuntos de fe que nada tienen que ver con ideologías sociales. Esa fue quizás la mayor conquista del liberalismo en el mundo: la radical separación entre Iglesia y Estado.

Pero hay personas como el presidente de Bolivia, Evo Morales, que caminan hacia atrás y que pretenden cimentar su ideología política con un método parecido al de algunas religiones. En el caso de Evo, los que cantan el himno de su país con la mano izquierda levantada y la derecha en el corazón, son ovejas revolucionarias blancas; los demás, corderos capitalistas descarriados, así que el Presidente boliviano acaba de dedicar una de sus más elaboradas intervenciones públicas a esta importante distinción ideológica.

En Ecuador se han dado ocurrencias parecidas. En 1967 el entonces presidente Otto Arosemena Gómez le ordenó a la fuerza pública que arreste al maestro Carlos Arijita porque el insigne músico se atrevió a entonar el himno nacional en un acto público (en medio de una carrera de caballos, porque a don Otto le gustaban los “burros”) con ciertos arreglos que Arosemena no aprobó. Los patriotas, según el pelucón Otto, eran los que cantaban el himno de cierta manera; los demás eran proletarios comunistas que merecían acabar tras las rejas. Al final el pobre Arijita salió de la cárcel, pero debo confesarles que no recuerdo qué mismo se decidió sobre el modo correcto de entonar el himno ecuatoriano.

El problema con Rafael Correa es que ni siquiera es coherente con los ritos que él mismo nos propone.

Si la revista Vistazo publica la foto de una chica con poca ropa en su portada, por ejemplo, denuncia que esa es una costumbre reaccionaria de la derecha que debe ser perseguida por razones de Estado. Así que la prensa informa del tema, la gente lo discute, en fin, cada uno se forma y expresa su opinión, y en eso perdemos el tiempo como si fuésemos un país que ya tiene sus grandes problemas resueltos. Pero al poco tiempo el ciudadano Correa cambia de criterio y escoge a una de esas chicas de ropa ligerita y la designa candidata principal para la Asamblea Constituyente.

Luego le pide a su ilustrado Ministro de Educación que redacte un manual de buen periodismo donde queden establecidos asuntos vitales, como la manera adecuada de informar del último divorcio de la modelo chilena Cecilia Bolocco, esto es, sin admitir presiones del ex presidente Carlos Menem. Pero a los dos días se olvida de las recomendaciones de su Ministro y presiona al director de su periódico oficial para que retire una foto de Jaime Nebot y ponga la suya, seguramente porque Nebot no posó en ropa ligerita, como hubiese sido preferible.

Por último, anuncia que va a acabar con la costumbre extranjerizante de vestir a nuestras niñas como princesitas de navidad, así que su gobierno organizará en su lugar actos folclóricos para ellas con ropas autóctonas. Pero a la vuelta de la esquina se incorpora a un espectáculo de cheerleaders, acompañado de todo su gabinete, como para decirles a nuestras adolescentes que no hay nada más simpático que vestir con poca ropa para que el Presidente y sus ministros las empuñen.
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