A Skip Snow, biólogo federal en el Parque Nacional Everglades, le encantaría monitorear todo el día la impresionante variedad de fauna silvestre nativa de ese “río de hierba”, de 600 mil hectáreas, al oeste de la metrópolis incesantemente creciente de Miami.
Pero últimamente le ha dedicado más tiempo a estudiar los restos de las aves y los animales del parque, extraídos de los estómagos de pitones de Birmania capturadas o atropelladas, la más reciente, y más espectacular, adición a la creciente lista de intrusos biológicos de Florida.
Al abrir una hielera en un laboratorio del parque, Snow hurgó entre bolsas de plástico fechadas que guardan piel, plumas, huesos y otros vestigios de presas recientes de pitón. “Hemos encontrado de todo, desde mamíferos muy pequeños —ratones y ratas del algodón, conejos, ardillas, zarigüeyas, mapaches, hasta un gato montés y, recientemente, las pezuñas de un venado”, comentó. “Aves zancudas y aves acuáticas, zaramagullones, fochas, garzas, carraos y por lo menos un cocodrilo grande”.
Las serpientes del sur de Asia, que pueden rebasar los 90 kilos de peso y seis metros de longitud, probablemente llegaron al parque como desechos o fugitivas del bullicioso comercio global de mascotas exóticas. Las pitones de un año y 30 centímetros de longitud son un artículo popular, de 70 dólares, en ferias de reptiles y en Internet; en unos cuantos años, pueden alcanzar el tamaño de toda una habitación y ser capaces de comerse al gato, lo que impulsa a algunos dueños a abandonarlas junto a la carretera. Esa costumbre podría no representar un peligro ecológico en Detroit, comentó Snow, pero en un parque de la Florida casi tropical, es una pesadilla en progreso.
Algunos cálculos muy tentativos ubican a la población de pitones mascotas del estado en más de cinco mil. Más de 350 han sido encontradas en el parque, desde 2002, y otras han aparecido en manglares en la costa oeste de Florida y más al norte del estado. Hay quizá diez más por cada una que es vista, comentó Snow.
En mayo de 2006, varios biólogos confirmaron que las pitones de los Everglades no eran una curiosidad transitoria, cuando encontraron los primeros huevos. “Había 46 huevos, 44 fértiles”, afirmó Snow.
Poco después, encontraron otro montón de dos docenas que ya habían emergido del cascarón.
Abundan las señales, comentó, de que las pitones continúan colonizando nuevos terrenos. “Ésta es una especie que, de verdad, está hecha para invadir”.
Últimamente Snow y otros biólogos de fauna silvestre se han embarcado en una especie de cruzada, al presionar a los gobiernos estatales y federales para que limiten el comercio de tales especies, aceleren las respuestas cuando un invasor aparece en el hábitat y extiendan las investigaciones preventivas federales para identificar —de antemano— a los animales y plantas importados que son más aptos para propagarse en Estados Unidos.
Mientras que existe un Consejo Nacional de Especies Invasoras, cuyos miembros incluyen a funcionarios a nivel de gabinete en el gobierno federal, la labor de investigación preventiva de especies es realizada por unos cuantos biólogos del Servicio de Pesca y Fauna Silvestre, el Departamento de Agricultura y el Departamento de Salud y Servicios Humanos.
La gran mayoría de los alrededor de mil millones de dólares que el gobierno gasta cada año en especies invasoras está destinada al manejo de problemas existentes, con alrededor del 10 por ciento, de acuerdo con un reciente reporte gubernamental, asignado a la prevención.
Mientras tanto, el gobierno calcula que las especies invasoras cuestan a la economía 100 mil millones de dólares al año.
Los estudios se han estancado mientras que la veloz globalización del comercio y los viajes ha incrementado, en gran medida, las oportunidades de invasiones más perjudiciales, afirman los expertos. Las especies fluyen en todas direcciones.
David M. Lodge, director del Centro para la Conservación Acuática en la Universidad de Notre Dame, en South Bend, Indiana, ha sido autor de una serie de estudios recientes acerca del tema, entre éstos un manifiesto del año pasado de la Sociedad Ecológica de Estados Unidos que exhortaba a una inversión y acción federal mucho más fuerte.
“Cuando se trata de importar organismos vivos, nuestras políticas son completamente reactivas”, dijo Lodge. “Es como si en el mundo de los medicamentos permitiéramos que cualquier medicamento o producto alimenticio entrara al mercado hasta que mate a alguien y luego pensáramos en una regla para prohibirlo”.
A pesar de su enfoque en las pitones, la mayor preocupación de Snow aún es la próxima especie que llegará, independientemente de cuál sea.