Salir de una guerra exige tanta planeación como entrar en ella.
Robert Gates, Secretario de Defensa de Estados Unidos, dio en julio la señal más sólida a la fecha de que el gobierno de Bush piensa detalladamente en una retirada final.
En una carta a la senadora Hillary Clinton, Gates escribió: “Puede estar segura que dicha planeación se está, en efecto, realizando con mi participación activa”.
Las siguientes son cinco preguntas que cualquier gobierno—éste o su sucesor— tendrá que responder como parte de una salida de Iraq.
¿Qué tan rápido pueden salir las tropas?
Grandes cantidades de soldados estadounidenses han salido de una zona de guerra moderna, pero nunca tantos de una región aún hostil.
Los analistas concuerdan en que la mayoría saldría por aire, una ruta mucho más segura que las carreteras iraquíes. (Aunque se necesitarían muchos más soldados para proteger los camiones con equipo, que sólo pueden viajar por tierra.)
“Si se quisiera sacar a todos los soldados de Iraq, es sólo una cuestión de cuántos aviones comerciales puede rentar el Departamento de Defensa de Estados Unidos”, dijo Max Boot, miembro titular del Consejo de Relaciones Exteriores. “En una huída desordenada, probablemente se podría hacer en cuestión de meses, sin tomar en cuenta nada del equipo”.
Quizá, pero el creciente caos podría poner en peligro hasta una retirada parcial. “Resulta difícil planear en un vacío de poder”, dijo Boot.
El Comando Central de Estados Unidos, que dirige el esfuerzo en Iraq, probablemente es el único con la habilidad para crear un plan detallado para la retirada. Como esta guerra no tiene precedentes, los planes concebidos fuera del Pentágono son sólo conjeturas, dijo Boot.
“Por la falta de experiencia en este tipo de operación, todo esto se basaría en suposiciones”, dijo.
¿Puede protegerse a los soldados que se van?
Las tropas concentradas en convoys, que sacan de Iraq cantidades enormes de suministros son objetivos tentadores. En su retirada, las fuerzas británicas, en el sur, han sido atacadas por milicianos. “Probablemente vamos a vernos enfrascados en combates mientras salimos”, dijo Stephen Biddle, miembro titular del Consejo de Relaciones Exteriores, particularmente en una retirada rápida. Él le da al actual incremento en efectivos, limitadas posibilidades de estabilizar exitosamente a Iraq, pero quizás demore dos años, con más bajas mientras tanto. De ahí el cálculo: ¿Retirarse con bajas ahora, o arriesgarse a una mejor salida en unos cuantos años?
¿Qué llevarse? ¿Qué dejar?
¿Qué destruir?
Después de más de cuatro años de presencia militar, la huella estadounidense en Iraq es enorme. Hay más de 75 bases importantes: algunas cuentan con sus propias tiendas al menudeo. “Mientras más rápida sea la salida, más se tiene que abandonar o destruir”, dijo Anthony H. Cordesman, analista militar en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales.
Los electores y los candidatos políticos, dice, buscan una “fantasía” de retirada rápida.
“Si haces estallar todo, tomas los vehículos críticos y sacas a la gente, se puede hacer en un mes”, dijo. Pero, ¿por qué?”
En vista de que cada misil cuesta 100 mil dólares o más y los Humvees blindados valen aproximadamente 380 mil dólares, el enorme valor del material exige una retirada más larga y completa, dijo Cordesman.
¿Cuánto tiempo tardará reparar y enviar el equipo fundamental?
Al final de su servicio, los sofisticados aviones de combate no son subidos simplemente a barcos con destino a Estados Unidos.
Deben lavarse exhaustivamente para librarlos de la arena y los contaminantes hasta quedar esterilizados, y luego envolverlos en plástico termoencogible para protegerlos del aire marino.
“Todo tiene que limpiarse y pasar una inspección agrícola”, dijo William G. Pagonis, general de tres estrellas jubilado, que dirigió la logística en la guerra del Golfo Pérsico, en 1991. “No es una tarea fácil”.
Los controles estrictos sirven para que no entren patógenos o insectos que podrían amenazar los cultivos si se llevaran a Estados Unidos. En 1991, esa labor se realizó sin gran aspaviento, con poca atención de la prensa. “Todo el mundo quería cubrir los desfiles”, dijo Pagonis.
¿Quién se queda?
Hay cerca de 100 mil contratistas iraquíes trabajando para Estados Unidos. Después de una retirada, muchos podrían correr el riesgo de sufrir represalias por parte de fuerzas antiestadounidenses. “¿Se saca a los iraquíes que han estado trabajando para nosotros?
¿Cómo los elige?”, dijo Cordesman.
“Mientras más frío seas, más rápidamente podrás salir”.
Hasta ahora, se les ha permitido inmigrar a Estados Unidos a pocos iraquíes. De acuerdo con un grupo bipartidista de senadores que busca un estatus especial para los refugiados iraquíes, este año sólo se ha admitido a 63.