Sábado 04 de agosto del 2007 Cartas al Director

Cómo veo a mi Quito

A raíz de la declaratoria de inconstitucionalidad del peaje en la avenida a la Mitad del Mundo, han aparecido en medios de comunicación publicaciones sobre las deficiencias que padecen las parroquias rurales de Quito, particularmente San Antonio de Pichincha.

Este sector del cantón soporta la discriminación del Municipio que ha priorizado el desarrollo de otros valles (tienen derecho), abandonando una urbe con más de 20.000 habitantes. Los problemas vienen de años atrás y son: escasa atención en infraestructura básica (calles de tierra, agua potable transportada en tuberías de asbesto, canalización incompleta, escasa cobertura en recolección de basura), contaminación ambiental por explotación de minas y por ruido, anárquico sistema de transporte pesado, irrespeto a ordenanzas municipales, inconstitucional cobro de peaje, abandono de la avenida Manuel Córdova G., apropiación del monumento a la Latitud Cero por el Consejo Provincial de Pichincha y del Pucará de Rumicucho por dueños de minas...

Que la próxima Asamblea Constituyente modifique el tema del Distrito Metropolitano de Quito, convirtiendo a las parroquias rurales en cantones para que quienes vivimos en estos podamos cumplir nuestro derecho a planificar el desarrollo de nuestra ciudad bajo criterios que respondan al bienestar de la comunidad. Es ilógico que el Municipio de Quito regule el manejo del territorio de otra urbe, al margen de los intereses de la ciudad de San Antonio de Pichincha. Por ser parroquia rural, hace años se pretendió convertirla en basurero de Quito. Ahora se la quiere hacer parroquia de expansión urbana, de vivienda popular y de abastecimiento de materiales de construcción. San Antonio de Pichincha tiene gran potencial de desarrollo turístico, pero trunco por ineficiencia de gobiernos seccionales. Es hora de que sus habitantes propongamos –según la Ley de Juntas Parroquiales– una consulta popular para decidir si deseamos seguir como parroquianos rurales o ciudadanos.

Eduardo Almeida Reyes,
Quito

Ya es hora de dejar de ser quejumbrosos para ver lo bueno. Recuerdo las palabras del cantante nicaragüense Tonny Meléndez (quien nació sin brazos y toca la guitarra con sus pies e interpreta temas de amor y fe) cuando le preguntó al alcalde de esta capital, Paco Moncayo, cuántos brazos tenía, este respondió obviamente que solo dos; entonces Meléndez interrumpió: “No, señor Alcalde, usted tiene cuatro millones, pues en Quito hay dos millones de personas. Entonces, ¿cómo quieren que usted solo con dos brazos haga lo que no pueden hacer cuatro millones?”.

Es hora de que la opinión pública también sea parte de la solución de las dificultades de una ciudad que cada día es más visitada por turistas nacionales y extranjeros, y de los cuales una  gran parte se queda a vivir aquí.

Según la consultora norteamericana Mercer Human Resource Consulting, Quito tiene un costo de vida menos caro que San José, San Juan, Santo Domingo, México, Monterrey, Bogotá, Lima, Santiago, Río de Janeiro, Sao Paulo, Brasilia; eso nos incentiva a sentirnos el centro turístico de Latinoamérica. Claro, el compromiso ciudadano está en cuidar a Quito.

Paúl Cevallos,
Quito

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