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| Memorias en el equipaje |
| San Pablo: Lo insólito de la naturaleza |
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| En febrero, el artista Federico Gonzenbach visitó el lago San Pablo y sus alrededores. Al fondo se observa el volcán Imbabura. | | |
| El pintor tiene una necesidad extrema por la naturaleza, porque puede llegar a envenenarse si se mantiene apresado en sus pinturas (que contienen plomo) y diluyentes, indica el artista guayaquileño Federico Gonzenbach, nacido en el tradicional barrio Las Peñas hace 50 años.
Por ello suele buscar los paisajes naturales para relajarse e inspirarse. “Nací junto al río y siempre he vivido cerca a él. Por ello me gusta al agua y la brisa que sopla en Las Peñas. Por ello me gustó particularmente cuando en febrero viajé al lago San Pablo (provincia de Imbabura).
Es un lugar con naturaleza insólita”, señala sobre ese destino que lo acogió por seis días en una hostería para pintar cuatro cuadros de su serie La Pasión de Cristo.
“Me levantaba muy temprano en la mañana y me ponía a pintar junto al lago para sentir el ambiente hermosamente extravagante y la brisa que soplaba”, indica. Luego de pintar -generalmente termina a las 11:00-, Gonzenbach salía junto con su esposa a recorrer las inmediaciones del sector. “Aprendí que los indígenas que viven cerca del lago salen muy temprano en sus canoas de totora a pescar”.
Gonzenbach también disfruta mucho del desplazamiento cuando maneja en la carretera hacia la Sierra porque puede detenerse en los pueblos para a través de su sensibilidad de artista disfrutar de sus colores, paisajes, formas, olores, sonidos y, sobre todo, de sus platos típicos, como el hornado.
En el extranjero, este guayaquileño prefiere París (Francia).
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