Miércoles 25 de julio del 2007 Cartas al Director

Una buena forma de homenajear a Guayaquil

La unión entre ecuatorianos

Recordar la fecha de la fundación de una ciudad es sin duda el momento preciso  para evocar su pasado, recrearse en su presente y soñar con su futuro.

Constituye también una oportunidad para que sus habitantes nos detengamos a reflexionar sobre los compromisos que debemos asumir para protegerla.

Cuando éramos pequeños escuchábamos de nuestros maestros las lecciones que daban cuenta de cruentos ataques piratas, terribles epidemias y dantescos incendios que una y otra vez azotaron la ciudad del río y el estero, diezmando a la población y consumiendo sus edificaciones, pero que jamás pudieron doblegar su espíritu.

Épocas más recientes y que muchos olvidan, ubicaron a la metrópoli en una de sus horas más criticas, cuando se juntaron la debacle institucional del Cabildo, y la corrupción rampante de autoridades que sumieron a Guayaquil en el caos.

Pero, con la misma determinación y compromiso de nuestros ancestros, recuperamos el decoro perdido, lo que permitió que muchos guayaquileños recuperen la autoestima y el orgullo de haber nacido en este territorio. La ciudad aprendió a reinventarse día a día en su gente, actividades, metas..., e incluso, en sus deficiencias y  necesidades insatisfechas.

Los guayaquileños que desde siempre hemos luchado contra la adversidad en todas sus formas, incluido el centralismo que nos arrebató por décadas un futuro que ahora lo apreciamos más promisorio, hemos aprendido que construir es difícil; destruir, fácil. Vivir en una ciudad altiva, es nuestro derecho; contribuir con nuestro esfuerzo y energía para su progreso, es nuestro deber.

Recordemos que desde siempre Guayaquil fue cuna y expresión profunda de libertad, en la cual se fraguó la emancipación de gran parte del continente americano, donde se forjó el nacimiento de la República, y la ciudad en la que se firmó el instrumento mediante el cual se abolió por siempre toda forma de esclavitud en el Ecuador. No permitamos que nadie arrebate nuestro mañana, y el que con esfuerzo y trabajo pretendemos legar a nuestros hijos. La patria es una sola, y contribuir a la unión de los ecuatorianos es el mejor homenaje que le podemos rendir a Guayaquil.

David G. Rodríguez Ycaza,
doctor en Jurisprudencia, Guayaquil

Cartas al Director

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