A pesar de la existencia de algunas propuestas, todavía es temprano para apreciar todos los efectos que sobre el entramado jurídico tendrá una reforma en la organización territorial del Ecuador, sostiene Nicolás Parducci.
¿Existirán importantes reformas al cuerpo de leyes?
Naturalmente. Pero hay que conocer qué va a pasar con el sistema administrativo, tanto nacional como seccional. ¿Permanecerán los consejos provinciales o serán reemplazados por gobernaciones? No se sabe aún. En el sistema seccional existen los consejos provinciales, los municipios y las juntas parroquiales, que se relacionan entre sí, aunque no siempre consiguen una buena correlación. Hay que saber si con la reforma va a continuar esta coexistencia.
¿Y también los términos de relación con el Estado central?
Existen dos alternativas. O se elimina la influencia que hoy existe del Gobierno nacional o continúa la influencia en el marco de una coexistencia con los gobiernos locales. Hay que tener en cuenta que la descentralización puede ser administrativa y política o solo administrativa. La política significará que los poderes seccionales pasarán a dictar leyes, establecerán sus impuestos, sistema de justicia, organismos de control.
¿Aquello significaría dar paso a las autonomías?
El concepto de autonomías siempre existió. Lo que nos ha ocurrido es que por influencia de España, el término ha adquirido connotaciones cercanas al federalismo. En Ecuador se acepta la existencia de autonomías, pero el Estado se reserva ciertas facultades, como la de la defensa nacional.
Se proponen dos distritos metropolitanos, Guayaquil y Quito, para que las otras regiones tengan una cierta homologación entre sí, ¿es real esa posibilidad?
No necesariamente va a tener ese efecto. Las diferencias podrían acentuarse a causa del despegue de los dos distritos metropolitanos. Habría que detenerse en el análisis de este aspecto, para favorecer el progreso de las otras regiones.