Dos mil personas colmaron este domingo la catedral de Sé con escenas de emoción, dolor y llanto, al participar de la misa oficiada por el arzobispo Odilo Scherer en memoria de las víctimas de la peor tragedia aérea brasileña, ocurrida el martes en Sao Paulo.
"Rogamos por todas las víctimas del accidente (...) que vivan para siempre en un buen lugar en el reino de la luz que no se apaga", dijo el arzobispo de Sao Paulo en las instancias finales de la misa, frente a decenas de familiares, situados en las primeras filas de la catedral, muy cerca del altar.
"Y los angelitos..., los angelitos ya están en el cielo", expresó con voz quebrada, al lado del periodista de la AFP una mujer de unos 50 años, vestida toda de negro en señal de luto, que no quiso identificarse, en alusión a los bebés, niños y adolescentes que viajaban en el avión accidentado.
Al inicio de la ceremonia religiosa se leyó uno por uno y pausadamente el nombre de los 187 ocupantes del avión de Tam que se estrelló el martes y de las personas desaparecidas en el local impactado, mientras los familiares levantaban las fotos de la víctimas en cuanto eran mencionadas.
Estaban presentes el alcalde de la ciudad, Gilberto Kassab, los secretarios del estado de Sao Paulo, Ronaldo Marzagao (Seguridad Pública), y Luiz Antonio Marrey (Justicia), Mauro Bologna, presidente de la aerolína Tam, propietaria del Airbus 320 accidentado el martes con un saldo estimado de 200 muertos, y otras autoridades.
Cuando Scherer pidió que los fieles se saludasen y se deseasen paz, se produjeron conmovedoras escenas entre parientes de las víctimas que no consiguieron contener el llanto al abrazarse fuertemente unas con otras en una sentida expresión de solidaridad.
"Yo quiero que tengan más cuidado con la vida de las personas... Los políticos tiene que tener más responsabilidad y la gente tiene que parar de sufrir", dijo a la AFP, entrecortada por sollozos, Aparecida Teixeira, de 39 años, viuda de uno de los pasajeros del avión de Tam.
Al intentar aterrizar en la pista principal de la terminal de Congonhas, a una velocidad inusual, el Airbus 320 giró a la izquierda, salió del aeropuerto, localizado en plena zona urbana, y explotó al estrellarse contra un edificio de la propia compañía, que rápidamente quedó envuelto en llamas.
En medio de la eucaristía, cuando los feligreses comulgaban, el alcalde Kassab anunció a la prensa que ordenará la construcción de un plaza, en el lugar de la tragedia, en homenaje a las víctimas.
"Quiero expresar mi solidaridad y condolencias a todas las personas, a todas las familias que perdieron a algunos de sus miembros y amigos en este accidente", expresó al arzobispo al finalizar la ceremonia religiosa, pero recordó a los participantes que "nuestras vidas están en las manos de Dios".