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| Dios y yo |
A todas horas cerca |
Julio 22, 2007
P. Luis Martínez de Velasco | Hace no muchos días, para hablar con el papá de una estimada alumna, visité la Penitenciaría. Y dentro de la razonable tosquedad de los guardianes, al verme como un sacerdote casi del Antiguo Testamento, me trataron muy bien.
No se dispensaron de guardar, por el cortito tiempo de mi estancia, la identificación que presenté. Como tampoco se privaron de estampar en mi antebrazo, con pericia casi artesanal, tres azules sellos mal lavables. Pero me hicieron pasar, sin colas ni registros, con prontitud elogiable.
El señor encarcelado, en un momento dado de mi charla, comentó lo que sabemos de sobra: que el castigo más tremendo de la cárcel, lo peor de la prisión, no es tanto la incomodidad como la soledad.
Que lo terrible son los días consumidos sin ninguna cariñosa compañía. Que no hay nada como estar con los que amamos y nos aman.
Lo que el preso subrayó me sacudió de arriba abajo. Me llevó a considerar con nueva luz la “soledad” de Dios. La cantidad de tiempo que sus hijos, llevados por labores y preocupaciones, consumimos sin tener un pensamiento para Dios. Y formulé un propósito concreto: el de escribir sobre este “desperdicio” de la vida.
Es verdad que la intención no retractada, la llamada virtual, cuando es buena nos convierte en buenos. Pero también lo es que la intención actual, la intención actualizada y buena, nos hace mucho mejores. Por eso el pobre encarcelado, aun sabiendo que sus hijos no le olvidan, anhela día y noche verlos y escucharlos.
A Dios le pasa en cierto modo como al preso de mi historia: que anhela vernos y escucharnos. Sabe Dios que trabajamos para Él, pero le encanta que le visitemos cada día en el sagrario.
Y también que le digamos, muchas veces mientras trabajamos, que le amamos y extrañamos. Desea que el trabajo, en lugar de distraernos del Amor, lo sostenga y lo alimente.
Por eso a su amiga Marta, como recoge hoy el evangelio de la misa, Jesús la corrigió con mucha claridad. Le dijo frente a todos: “Marta, Marta. Muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria”.
“María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. No la corrigió para que se desentendiera del trabajo de la casa. Lo que quiso subrayar es jamás nos debe hacer perder el norte. Que lo que más le gusta a Dios, como a mi amigo preso, es tenernos cerca de toda hora.
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