Pedir ayuda de colegas o amigos, ya sea para una tarea laboral o para cuidar a nuestros hijos cuando estamos enfermos, es algo que mucha gente no sabe hacer.
La sociedad occidental está basada, en gran medida, en ayudarse a uno mismo —las librerías y bibliotecas tienen grandes secciones de auto-ayuda— así que podría parecer extraño promover la idea de que la gente necesita aprender mejores maneras de pedir y recibir ayuda. Pero un pequeño movimiento dice eso precisamente.
M. Nora Klaver, cuyo libro “MayDay! Asking for Help in Times of Need” (¡Socorro! Pidiendo ayuda en momentos de necesidad) está a punto de salir a la venta, dice que aprender a pedir ayuda no sólo es bueno por motivos altruistas; tiene sentido en el aspecto empresarial.
“La gente con frecuencia cree que no tiene problemas para pedir ayuda, cuando sí los tienen”, comenta. “A veces postergan proyectos durante semanas porque no quieren pedir ayuda”.
Hay muchas razones por las que la gente teme pedir ayuda, principalmente no querer parecer débiles, necesitados o incompetentes.
“Existe una tendencia a actuar como si fuera una deficiencia”, dice Garret Keizer, autor de “Help: The Original Human Dilemma” (Ayuda: El dilema humano original). “Eso es agravado si el ambiente laboral es altamente competitivo por dentro además de por fuera. Existe un temor comprensible de que si uno baja la guardia, será lastimado, o que esta información que no sabe hacer será usada en su contra”.
Pero el peligro de postergar las cosas puede provocar que la situación evolucione, de un problema, a una crisis.
Los asesores de crédito lo ven continuamente. Caryn Bilotta, directora de servicios educativos en la firma Advantage Credit Counseling Services, con sede en Pittsburgh, dice que la gente espera demasiado tiempo para buscar ayuda. “La gente no quiere pensar en eso. No saben cómo manejarlo”.
Aunque siempre es peligroso generalizar, parece ser que a los hombres les cuesta más trabajo pedir ayuda que a las mujeres.
Por ejemplo, comenta Bilotta, aunque la publicidad de su compañía es limitada, la que sí hacen con frecuencia está dirigida a las mujeres.
“No porque las mujeres se metan más en problemas, sino porque las mujeres tienden a hacer la llamada”, dice.