Apenas nos acabábamos de conocer, y John Travolta, alto, guapo e hipnótico, acariciaba la solapa de mi chaqueta azul marina. “Ah, qué gran idea combinar esto con una camisa azul cobalto’’, susurró. “Nunca se me habría ocurrido’’.
Cautivador, pero dudoso. Cuando de apariencias se trata, Travolta parece pensar en todo. En junio, mientras conversábamos en su casa estilo español, en las colinas de Brentwood, California, era una composición cuidadosamente conjuntada en negro —blazer, camisa y pantalones— y zapatos de cocodrilo.
Su cabello estaba desplegado meticulosamente con partidura al medio, que hacía que sus flequillos parecieran comillas que enmarcaban su rostro.
Ya que estábamos hablando de su papel como Edna Turnblad, obesa lavandera impedida del sentido de la moda, en la nueva versión cinematográfica, de 75 millones de dólares, del musical “Hairspray’’, el tema naturalmente regresó una y otra vez a ropa, peinado y tipo de cuerpo. Antes de iniciar la filmación, tuvo a diseñadores de vestuario, gente de efectos especiales de maquillaje e incluso expertos en utilería rehaciendo repetidamente su trabajo para lograr la apariencia que imaginaban en batas de casa, rellenos para darle gordura y roles para el cabello. No quería parecer un refrigerador, dijo, sino Sofía Loren con bastantes kilos de más. Y logró su deseo: su Edna, a diferencia del grasoso esperpento creado por Divine, en la obra original de John Waters, en 1988, o el ama de casa del teatro japonés encarnada de manera tan memorable por Harvey Fierstein, en la adaptación musical en Broadway, en 2002, tiene escote, cintura y una especie de atractivo sexual geológico.
Así que uno pensaría que él debía saber, y no le importaba, que elogiar la combinación de color del entrevistador podría parecer no sólo amable sino también realmente gay. Lo cual sería sólo un detalle encantador a no ser por la controversia que recientemente había provocado al aceptar el papel de Edna en primer lugar. En un diario en Internet que apareció, en mayo, en el sitio del periódico gay The Washington Blade (washblade.com) Kevin Naff, su editor, hizo un llamado a un boicot de “Hairspray’’ debido a la afiliación de Travolta a la Iglesia de Cientología, la cual describió como un culto que “rechaza a los gays y las lesbianas como miembros e incluso opera clínicas de terapia reparadora para ‘curar’ la homosexualidad’’.
En un editorial posterior, Naff agregó que la apariencia de Travolta en el “papel emblemático gay’’ es “incluso más irritante dado todos los rumores gay que lo han seguido durante años’’.
Sentado en un sillón de cuero, en su biblioteca, donde los libros sobre puros y aviación comparten espacio con los tratados de cientología y un “tributo fotográfico’’ a L. Ron Hubbard, fundador de la iglesia, Travolta no se mostró en lo absoluto a la defensiva respecto a todo ello.
Simplemente dijo que estaba completamente a gusto entre gente gay, que Edna no era gay, y que las afirmaciones sobre la cientología eran erradas. “La cientología es una de las religiones menos homofóbicas’’, dijo. “No está interesada en el cuerpo en lo absoluto’’.
La trayectoria de Travolta ha estado marcada por el éxito espectacular seguido por momentos de calma. Calma es una palabra demasiado suave para los desplomes, casi mortales, en calidad, resultados de taquilla o ambos, que, por lo regular, han seguido a sus mayores éxitos. Ya sea debido a malas corazonadas, malos consejos o una tendencia en los buenos tiempos a tomar todos los empleos bien remunerados que podía —ser dueño de una flotilla de aviones no es barato— Travolta repetidamente ha disminuido su capital entre los críticos y frustrado al público con películas cuyas cualidades redentoras eran difíciles de percibir.
“Interpretar a una mujer me atrajo’’, señaló Travolta. “Interpretar a un travesti no. La idea vodevil de un hombre con vestido es una broma que funciona mejor en el escenario que en el celuloide, y no quería actuar como afeminado.
No quería que fuera ‘John Travolta interpreta a Edna’. Eso no es interesante.
Tenía que ser algo que pudiera llevar hasta el extremo y en el que yo desapareciera’’.