Los fósiles pueden ser ideales para reconstruir cómo era una región hace miles o incluso millones de años. ¿Qué hacer cuando la región de la que se quiere saber es Groenlandia y los fósiles que podrían ofrecer pistas se encuentran debajo de un casquete glaciar de un par de kilómetros de grosor?
La respuesta, de acuerdo con Eske Willerslev, director del Centro de Genética Antigua en la Universidad de Copenhague, es estudiar al hielo mismo: específicamente el del fondo, que fue depositado cuando el casquete era nuevo. Resulta que ese hielo está lleno de tierra y, en consecuencia, de fragmentos de ADN antiguo que han sido conservados por el frío.
Willerslev y sus colegas han analizado el ADN en el fondo de un núcleo de hielo y encontraron un hallazgo extraordinario: en el último millón de años, el sur de Groenlandia estaba cubierto con un bosque de coníferas con una diversa colección de insectos que incluía polillas, moscas y escarabajos. Fue muy semejante al actual este de Canadá, señaló Willerslev, cuyos hallazgos aparecen en la publicación Science.
Añadió que no se encontró ADN de mamíferos, aunque eso podría ser porque había mucha mayor escasez de él y las muestras eran muy pequeñas.
Varios métodos de fechado le asignaron una edad al hielo de entre 450 mil y 800 mil años. Hay muchas dudas, comentó Willerslev, “pero creo que es muy probable que lo que vemos sea la vegetación e insectos de la última vez que esta región estuvo libre de hielo”.
HENRY FOUNTAIN
La bondad de las ratas
Las ratas podrían ser más cariñosas y desinteresadas de lo que sugiere su reputación. Por lo menos, pueden ser muy amables entre sí.
Investigadores suizos pusieron pares de ratas hembras —compañeras de camada— en una jaula y las separaron con una malla de alambre. En una mitad de la jaula, una rata podía tirar una palanca sujeta a una bandeja con un señuelo que le daría comida a su hermana, pero no a ella. Cada rata fue entrenada en sesiones alternas, primero como receptora de comida y luego como proveedora. Las hermanas aprendieron a cooperar y tiraban la palanca con considerablemente más frecuencia cuando la otra estaba presente.
Más tarde, los investigadores pusieron ratas que habían sido ayudadas recientemente por sus compañeras y ratas que no habían sido ayudadas, con ratas desconocidas y sin parentesco. Las que habían sido ayudadas recientemente tenían alrededor del 21 por ciento más de probabilidad de tirar la palanca para la nueva compañera.
No se trató de un simple condicionamiento o de un reforzamiento, sostienen los investigadores, porque las ratas nunca fueron recompensadas por su propio comportamiento, sólo por el de otras. La única explicación factible, en su opinión, es que las ratas habían desarrollado lo que llaman reciprocidad generalizada; es decir, fueron generosas aún con una pareja desconocida porque otra rata acababa de ser amable con ellas.
NICHOLAS BAKALAR
Los microondas son inofensivos
Considerando cuánto tiempo han existido los microondas, uno pensaría que cualquier preocupación sobre su seguridad habría sido resuelta hace mucho. Pero muchas personas aún se preguntan si estar junto a un microondas cuando está encendido puede exponerlas a la radiación y de ser así, cuánta.
Aunque los hornos de microondas, de hecho, pueden tener fugas de radiación, los niveles que pudieran ser liberados son bastante insignificantes.
De acuerdo al Centro para Aparatos y Salud Radiológica, división de la Dirección de Alimentos y Medicamentos que regula la seguridad de los hornos de microondas, todo aparato que llega al mercado debe cumplir con un requisito que limita la cantidad de radiación que el horno puede liberar en su vida útil a cinco milliwatts por centímetro cuadrado, a una distancia de aproximadamente cinco centímetros. De acuerdo con el Centro, eso es muy por debajo de los niveles de radiación que se ha demostrado que dañan a los humanos.
A los fabricantes de hornos de microondas también se les exige que revistan sus puertas con una malla metálica que evita que escapen las microondas.
Además, como los niveles de radiación caen bruscamente a una creciente distancia, los niveles a 60 centímetros de distancia son aproximadamente de una centésima parte de la cantidad a cinco centímetros.
ANAHAD O’CONNOR