Numerosos estadounidenses adinerados ya no se conforman con heredar su dinero a causas predilectas en sus testamentos.
En lugar de ello, ahora elaboran un plan estratégico para donaciones caritativas que se llevarán a cabo durante su existencia. Escogen la problemática que quieren ayudar a resolver, investigan cuáles son las mejores formas de solucionarla y, junto con sus familias, se involucran a fondo en la iniciativa.
No se trata nada más de los viajes de Bill y Melinda Gates a África con el fin de recopilar información y de sus reuniones con laureados del Premio Nobel. Miles de donantes van más allá de la “filantropía de chequera” al crear fundaciones caritativas familiares, visitar lugares que se beneficiarían de donativos o reunirse con expertos con el fin de discutir cómo invertir su cartera con fines de caridad.
Comparados con sus predecesores, los donantes muestran un mayor enfoque, un mayor sentido de urgencia y un deseo de mayor involucramiento en sus regalos, de acuerdo con Melissa A. Berman, presidenta ejecutiva de Asesores Filantrópicos Rockefeller, con sede en Nueva York.
Algunos donantes pueden actuar de manera impulsiva, explicó Dianna Smiley, del Centro Nacional por la Filantropía Familiar, con sede en Washington.
En caso de que esos donativos no surten efecto, pueden “perder interés en la filantropía”, expresó.
Hace siete años, Bill Unger renunció a su puesto como socio en el Fondo Mayfield, compañía de inversión de riesgo de Silicon Valley, para dedicarle más tiempo a empresas caritativas. Inicialmente, “quería dar dinero a todo porque había tantas buenas causas”, explicó.
“Pero carecía de una filosofía central o de brújula para ayudarme a decidir dónde donar”, dijo, “y terminé por sentirme culpable por la gente a la que no donaba”.
Para educarse al respecto, Unger participó al Taller de Filantropía Oeste, programa de capacitación formal de una duración de cuatro semanas, creado en 2001, para aspirantes a filántropos por la Fundación William y Flora Hewlett, la Fundación TOSA y la Fundación Rockefeller.
Indicó que el taller le ayudó a enfocarse en lo que más le importaba y a reconocer cómo podía utilizar su dinero, su energía y su experiencia de la mejor forma. Hoy, sus iniciativas caritativas siguen siendo variadas: una película documental y ser miembro del consejo de una importante agencia internacional de ayuda se cuentan entre ellas. Pero indicó que podía ver la relación entre ellas.
Juliette Gimon, miembro del consejo familiar de la fundación Hewlett, quien también tomó el curso de Taller de Filantropía Oeste, indicó que le ayudó a entender una gama de estrategias para dar.
Ya sea que la pericia se adquiera gracias a cursos, especialistas o semejantes, “existe un potencial increíble, por lo que quieres asegurarte de que te capacitas y de haces las cosas correctamente”, expresó Gimon.
Reuniones personalizadas con asesores filantrópicos profesionales en ocasiones ayudan a los donantes a ampliar su campo de visión filantrópico más allá de los típicos donativos a organizaciones de ex alumnos y eventos culturales locales.
Asesores pueden ayudar a tomar conciencia de los problemas que aquejan al mundo —como abuso infantil, destrucción del hábitat y la propagación del sida— y posteriormente trabajar para encauzar el dinero de un donador a lo que más le apasiona. Otros determinarán cuáles son los valores y la visión del mundo del donante con el fin de desarrollar una declaración de misión filantrópica.
Esto puede ser seguido por el establecimiento de lineamientos y de un plan anual de donación.
La capacitación en materia filantrópica puede involucrar a más de una sola generación de una familia. La investigación ha arrojado que entre más temprano se integra a los niños a las obras caritativas de una familia, más constituirán un interés de por vida para la persona.
“Los donantes incluyen a sus familias por muchísimos motivos”, expresó Smiley.
“Buscan compartir sus valores, quieren inculcar en sus hijos un sentimiento de responsabilidad social y quieren que el legado de la familia no pierda fuerza”.
Con aproximadamente 8,9 millones de millonarios en Estados Unidos, al 2005, no se espera que la tendencia pierda fuerza.“
Cuando quieres que tu dinero crezca, vas con tu banquero; para los impuestos, acudes con tu contador”, dijo Gimon.
“Cuando quieres que tu filantropía tenga el mayor impacto posible, también necesitas que un experto te eche la mano”.