El rifle automático Kalashnikov, el arma de fuego más abundante del mundo y un símbolo marcial con una multiplicidad de significados, cumple 60 años este año. En algunos lugares, eso es motivo de escalofríos. En Rusia, es tratado como un aniversario a celebrarse y una ocasión para hacer una denuncia.
En una época productos estrictamente comunistas, los AK-47 y sus descendientes son herramientas para matar tan duraderas y fáciles de utilizar que fueron aclamados como logros del socialismo de estado y del poder industrial. Desligados de las leyes de la oferta y la demanda por sus orígenes en economías planeadas, salieron de las fábricas de armas por decenas de millones, y se convirtieron en instrumentos de la defensa nacional y la política exterior para la Unión Soviética y estados aliados.
Pero la fiesta por su 60 aniversario ha sacado a relucir la evolución del rifle tanto en el mercado como en la mente del Kremlin.
En la Rusia hambrienta de dinero, Kalashnikov ahora es una marca informal. Y mientras continúan las compras de rifles Kalashnikov y sus imitadores en los mercados extranjeros, los fabricantes de armas y exportadores rusos se preocupan no por la ideología y el dominio del mundo, sino por las oportunidades perdidas de ventas.
La historia se las arregla para ser tanto extraña como poco sorprendente. La ira de Rusia está dirigida a Estados Unidos, cliente potencial que se ha convertido, una vez más, en el principal distribuidor, al repartir las armas a agentes de policía y soldados nativos en Afganistán e Iraq.
Estados Unidos también fue un comprador a granel en los 80, cuando suministró Kalashnikovs, principalmente chinos y egipcios, a los insurgentes antisoviéticos en Afganistán.
Al regresar al mercado de los Kalashnikovs, el Pentágono les dio la espalda a las compras a Rusia, al optar, en cambio, por copias del AK-47 disponibles para la venta o donación de las reservas de otros países. (El verdadero AK-47 tuvo una corta vida y fue rápidamente modificado; sus muchas variantes, casi todas creadas con la ayuda de la Unión Soviética vía ayuda exterior, a menudo son erróneamente llamadas AK-47).
En Afganistán, Estados Unidos seleccionó el AMD-65, copia húngara del Kalashnikov, de cañón corto con una empuñadura delantera y boca futurista, como el arma estándar de la Policía afgana.
Del mismo modo, en Iraq, Estados Unidos ha adquirido más de 185 mil rifles estilo Kalashnikov y ametralladoras ligeras para las fuerzas de seguridad iraquíes entre 2003 y 2006, de acuerdo con el inspector general especial para la reconstrucción de Iraq.
Lo hizo sin comprarle una sola arma a Rusia, que, como creador del diseño fundamental que comparten todos los Kalashnikov automáticos, se considera el dueño legítimo de una marca informal, pero global.
Estas transferencias han alarmado y molestado a funcionarios y comerciantes de armas rusos, y dividido las celebraciones por el 60 aniversario del AK-47 en fiestas y amargos reclamos.
Con eventos que iniciaron a principios de julio y continuarán hasta agosto, el Kremlin y su dependencia exportadora de armas festejan tanto una familia de armas como al hombre al que se le atribuye su creación, Mikhail T. Kalashnikov, quien a los 87 años ha demostrado ser tan perdurable como los rifles que llevan su nombre.
El AK-47 y sus clones, puestos a prueba por primera vez en los bosques cerca de Moscú hace seis décadas, tienen dos generaciones de ser conocidos en los campos de batalla y en la iconografía soviética y revolucionaria.
Para el momento de la caída de la Unión Soviética, su saturación global era completa.
Los estudiantes soviéticos practicaban armar y desarmar Kalashnikovs en la preparatoria.
Las estatuas soviéticas los empuñaban con manos gruesas y musculosas.
Todo revolucionario comunista que se respetara, e incluso aliados de conveniencia, desde Fidel Castro y Yasser Arafat hasta Idi Amin, tuvieron, con el tiempo, sus reservas de Kalashnikovs.
Según el punto de vista, estos rifles han sido el compañero confiable de un revolucionario o un instrumento letal de la guerra por poder, el terrorismo y el crimen.
Los oradores en los eventos de este mes, en Rusia, eligieron la primera línea.
En los círculos rusos, se escatiman pocas alabanzas. “El famoso rifle de asalto Kalashnikov se ha convertido no sólo en un ejemplo del audaz pensamiento innovador, sino también en un símbolo del talento y el genio creativo de nuestro pueblo”, expresó el Presidente Vladimir V. Putin en un decreto.
En los mismos eventos, funcionarios y fabricantes de armas rusos reclaman a gritos el derecho a sacar los rifles Kalashnikov al mercado.
“Más de 30 compañías extranjeras, privadas y paraestatales, continúan con la fabricación y copia ilegal de armas pequeñas”, señaló Sergey V. Chemezov, ex funcionario de la KGB y confidente de Putin, que dirige Rosoboronexport, la dependencia paraestatal comercializadora de armas. “Socavan la reputación del Kalashnikov”.