El decrépito poblado de Norilsk, un antiguo gulag siberiano con una población de aproximadamente 210 mil habitantes, tiene una de las peores calidades de aire del mundo. Está rodeado de árboles muertos, hasta donde alcanza la vista, envenenados por lluvia ácida.
Pero para Vladimir M. Stratyev, la neblina que irrita los ojos es una bendición total, porque Stratyev es, de hecho un minero de la contaminación del aire. Para él, el smog de Norilsk es un tesoro.
Las fundidoras en Norilsk producen una quinta parte de todo el níquel del mundo, aleación clave del acero inoxidable, mientras emite 1,7 millones de toneladas métricas de dióxido de azufre al año, más que todo Francia.
También arrojan aproximadamente diez mil toneladas métricas de partículas de metal pesado.
Durante los últimos 50 años, un fino polvo oscuro de metales pesados, principalmente níquel, aunque también algo de cobre y cobalto, ha caído sobre la ciudad. En el deshielo de primavera, este hollín es llevado a estanques y riachuelos, donde se asienta en el fondo en estratos que, en ciertos lugares, alcanzan más de un metro de espesor.
Al detectar una oportunidad de negocios, los ejecutivos de las fábicas han llevado a un contratista, Poligon, para extraer los metales de uno de estos depósitos, conocido eufemísticamente como “fuentes tecnogénicas de mineral’’.
Stratyev, supervisor de una cuadrilla de mineros, usa una draga y bulldozer para extraer el sedimento negro, rico en níquel, que alguna vez cayó del cielo. Lo reúne en impresionantes montones de un estanque grande que se encuentra abajo de las fundidoras y lo regresa a la fábrica de donde provino.
“Nos deberían levantar un monumento’’, dijo Stratyev, parado frente a la draga que acababa de usar para extraer la contaminación ambiental del fondo del estanque. “Estamos en proceso de resolver un problema ecológico’’.
En la fábrica, el sedimento es acarreado a las fundidoras de metal, mezclado con mineral y refinado en níquel puro y otros metales, entre ellos platino y paladio. La mayoría del níquel se vende a fabricantes de acero, quienes lo usan para crear los acabados metálicos de poco brillo tan populares ahora en los electrodomésticos finos.
El paladio, paradójicamente, se utiliza principalmente en los convertidores catalíticos, para reducir la contaminación del aire de los gases de escape de los automóviles.
Mientras tanto, la contaminación permea la mayoría de los aspectos de la vida en Norilsk, ciudad nombrada por el Instituto Blacksmith, de Nueva York, un grupo ambientalista, como uno de los diez lugares más contaminados en la Tierra.
Un estudio realizado por el Programa de Monitoreo y Evaluación del Ártico, con sede en Oslo, Noruega, considerado la máxima autoridad sobre contaminación en el Ártico ruso, encontró que la población local sufría de un sinnúmero de enfermedades ambientales, entre ellas elevados índices de cáncer pulmonar, alergias y una lesión en la piel llamada “eccema por níquel’’. Se encontratron altos niveles de este metal en la orina de los niños.
Los efectos en la salud a largo plazo siguen siendo un misterio porque las autoridades rusas nunca han permitido un análisis detallado, de acuerdo con el estudio noruego, legado de la hermeticidad soviética respecto a riesgos de salud ambiental.
En las zonas rurales circunvecinas, las emisiones de dióxido de azufre han acabado con aproximadamente 486 mil hectáres de bosque.
En los calurosos días de verano, los niños toman refrescantes chapuzones en el estanque, dijo Stratyev, a pesar de sus mejores esfuerzos por ahuyentarlos.
“Les digo: ‘No pueden nadar allí, es un estanque de metal pesado’’’.
Hace cuatro años, un niño se ahogó, a las autoridades les llevó días encontrar su cuerpo en el sedimento.
Stratyev dijo que conocía “muchos’’ lugares en Norilsk donde podría trabajar vetas de contaminación tan abundantes.
“Y cuando muera’’, indicó, “probablemente también me pondrán en la fundidora y me fundirán’’.