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Osvaldo, el optimista |
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Sobre el libro Las costumbres de los ecuatorianos, escrito por Osvaldo Hurtado, he oído opiniones que sostienen que el autor pinta un cuadro demasiado pesimista de los ecuatorianos. Según Hurtado, las causas de la pobreza y del subdesarrollo no son el imperialismo, la dependencia u otras causas externas, sino que nuestro atraso proviene de nuestras propias malas costumbres: impuntualidad, desidia, informalidad, prodigalidad, poco respeto por la propiedad privada, poco amor a la libertad, ningún apego a la ley y el respectivo etcétera.
Gran parte de los argumentos usados por el ex Presidente provienen de informes y crónicas de viajeros extranjeros, que ven con ojo muy crítico a los ecuatorianos. Pero también cita tremendas apreciaciones de autores nacionales, que sí se dieron cuenta de nuestros defectos y se atrevieron a señalarlos.
Quienes disienten con Hurtado tienen dos posiciones: una, la de los que critican su método, pero no logran contradecir sus lapidarias conclusiones. Y otra, los que dicen que es bueno que seamos así, porque esa es la cultura nacional, que vivimos el tiempo “andino” y no el occidental, que nos importan más otros valores que el dinero, que no hay que ser malito… en síntesis, que la pobreza es belleza y el subdesarrollo, felicidad.
El texto está redactado en forma de ensayo, accesible a todo el mundo, lo que es en sí mismo un mérito, de allí que se haya mantenido varias semanas como el libro de “no ficción” más vendido. Sin embargo, no ha faltado el cientificista que ha criticado justamente su claridad y ser un libro “de divulgación”.
En gran parte comparto las opiniones del ex Presidente, sin embargo, encuentro cierto optimismo no justificado en la obra. Principalmente porque no enfatiza en el hecho de que no se advierten muchas posibilidades de salir de esta situación. No se ve, por ejemplo, en las nuevas generaciones la voluntad de superar estos defectos. Se ha criticado que el libro tenga demasiadas referencias de autores extranjeros, pero fue el compatriota Belisario Quevedo quien escribió esta perla que Hurtado transcribe: “los ecuatorianos sentimos la innata necesidad de tutela gubernativa… queremos siempre encontrar un hombre para darle junto con la suma de todos los poderes, la suma de todas las libertades a las que renunciamos gustosos”. Esto, escrito hace más de un siglo, parece redactado ayer. Y más aún, el mismo Quevedo afirma que los ecuatorianos creemos que las leyes “pueden todo y crean todo”. Entonces creíamos y ahora creemos que el rumbo del planeta se puede cambiar con una Asamblea Constituyente. No, no avanzamos.
Pero, sobre todo, cualquier cambio en positivo solo se puede realizar si hay una élite, una clase dirigente preparada y decidida a realizar la difícil, larga e ingrata reforma cultural. Y no se ven políticos, empresarios, eclesiásticos, militares, intelectuales y, sobre todo, maestros, dispuestos a asumir esa tarea cuyos réditos se verán en el largo plazo. Hay en todos esos estamentos individualidades valiosas, aisladas golondrinas que no hacen verano. Los llamados a dirigir el país parecen haberse dejado arrastrar por la marea de inmediatismo, dejadez y conformismo que nos ha ahogado durante cuatrocientos años. |
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| María Salazar Nicholls* |
Nosotros, los colombianos | |
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