Los argentinos Herman y Candelaria Zapp están convencidos de que el mundo les pertenece y de que tienen derecho a vivirlo y conocerlo, si fuera posible rincón por rincón; eso hacen desde hace siete años a bordo de un viejo Graham Paige de 1928 que los llevó desde la Patagonia argentina hasta Alaska y en el que ahora planean recorrer Asia.
"Hemos tenidos muchísimos problemas durante estos cuatro años de viaje", explica Candelaria a la AFP, recordando obstáculos superados mas no olvidados. Sin embargo "nada de eso fue más difícil que el primer día, dejarlo todo, dejar lo conocido para ir a lo desconocido", dice abrazada a Herman delante del viejo coche, con el Capitolio de Washington a sus espaldas.
Tres años, siete meses, 15 días y 70.200 km transcurrieron desde que salieron por primera vez de Argentina el 25 de enero de 2000 hasta que llegaron a Alaska y vieron el mar Artico el 11 de setiembre de 2003.
Se fueron solos y volvieron a su país con Pampa, su hijo mayor que nació en Carolina del Norte, Estados Unidos, y que tiene ahora cinco años.
Pampa, que según cuenta su padre llegó a Alaska "con un año y medio y caminando" ya no está solo. Tehue, así nombrado por los indígenas tehuelches de suelo argentino, nació hace dos años en el país de sus padres. Ambos comparten la "suite" construida por Candelaria y Herman en el techo del Graham Paige.
Un sueño infantil
Los Zapp soñaban con recorrer América desde que se conocieron cuando él tenía 10 años y ella ocho.
El plan inicial era partir a pie.
Un conocido les habló de un auto antiguo en venta, y sugirió que podría ser útil para el viaje. La primera reacción de ambos fue decir "no".
Pero al verlo "me enamoré de este auto", afirma Herman. El Graham Paige "nos abrió puertas de casas de familias, con él brindamos" al llegar a Alaska, recuerda acariciando a su fiel compañero de ruta.
Muchos curiosos se detienen atraídos por la extraña figura de un coche antiguo en una ciudad de autos modernos.
A todos y cada uno, Herman, Candelaria, Pampa y Tehue los reciben del mismo modo: con una sonrisa.
A todo el que pregunte, los Zapp cuentan que empezaron el viaje sin dinero, y que en los primeros cinco días el coche se descompuso otras tantas veces.
Querían llegar a Alaska en seis meses, para luego volver a Argentina y tener hijos. Pero cuando llegó el tiempo límite estaban anclados en tierra esperando un barco que les permitiera ir por el Amazonas desde Ecuador hasta Brasil.
Una forma de "atrapar su sueño"
Ese momento, coinciden, fue un punto de quiebre. No tenían ni para la gasolina que el tragón motor de su compañero de ruta solicitaba frecuentemente.
Candelaria empezó a pintar, cuadros sencillos con pájaros de los lugares que iban conociendo. Herman aprendió a encuadrar. Con el producto de las ventas siguieron avanzando, lentos pero seguros de su deseo de llegar al mismísimo norte.
Hoy, sus viajes se financian de otra forma. "Atrapa tu sueño", el libro de relatos de viajes que culminaron cuando regresaron a Argentina tras su periplo hasta Alaska, lleva más de 30.000 copias vendidas en español y en inglés, y junto con algunos recuerdos que ofrecen durante sus paradas, les permite costear el recorrido, ya que no aceptan patrocinadores.
El viejo Graham Paige se conserva como en sus mejores tiempos. Ruedas con rayos de madera, un motor que suena como recién ajustado, y una reluciente combinación de azul y negro sobre la que destacan los nombres de los países recorridos, y de muchos otros que quedan por recorrer.
En cinco meses, el "viejito" cumplirá 80 años. Para ese momento, habrá nacido el tercer hijo de la pareja. No saben si será niña o varón. Hay que dejar que la vida sorprenda, dicen. Después de semejante aventura, se diría que saben de lo que hablan.
En busca de Asia
"Fue muy lindo el sueño. Lo triste fue terminarlo", asegura Herman. Por eso ahora volvieron a Estados Unidos para seguir hacia Asia, y "por qué no, poco a poco, dar la vuelta al mundo".
"Alguien me dijo una vez, 'el contrario de negro es blanco, el de amor es odio, el día y la noche'. Entonces me preguntó: '¿cuál es el contrario de sueño?'. 'No sé', le respondí. Bueno, es que no hay nada en contra de un sueño", afirma el hombre resumiendo el espíritu que los impulsa a seguir.
Hace siete años -parafraseando un fragmento de su libro- los Zapp se subieron 'a un viejo auto al que apenas conocían para descubrir el mundo que querían conocer'.
Lo intentaron y lo lograron; en sus palabras, atraparon su sueño. Y van por más.
En menos de una semana la familia parte hacia Vancouver, Canadá, en busca de un barco que transporte el auto hasta la India, primera parada de su periplo asiático, y primera escala de un nuevo sueño errante.