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Los libros y el río |
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La ciudad es una eterna historia. Las aguas del Guayas dan cada día vueltas a sus páginas. Vivimos siguiendo el ritmo de las mareas, cada una pudiendo traer algo nuevo: lechuguines, papeles anónimos, secretos que nadie descubrirá, hasta de repente cuerpos o ilusiones al garete.
El Malecón 2000, concebido como paseo comercial, se ha vuelto con el tiempo epicentro cultural. Al desempolvar las facetas del cine, la música, el arte en general, atrajo ya a millones de ciudadanos. Encontró su rumbo y no parece barco anclado en las orillas sino nave inmensa ansiosa de llevarnos hacia nuevos horizontes.
Visité la otra noche la Feria de los libros. Era un día ordinario, así como llamamos a los laborales, pensé encontrar poca gente pero empezó la magia. Tanto nos han dicho que los guayaquileños no leen sino el diario y una que otra revista. Ingresé como todos con la intención de echar una mirada. Salí cargando un pesado bulto de libros, hasta una botella de vino tinto que me obsequió la Escuela de los Chefs con su soberbia guía culinaria del Ecuador engalanada con fotografías de lujo. Creo que se necesitaron realizar varias visitas para tener una idea clara de lo que fue la Feria 2007. El año pasado habíamos tenido un sustancial abreboca y se podía augurar un despertar mucho mayor en un futuro cercano. Al preguntar en varios puestos cómo caminaban las ventas, me topé con la sorpresa sumamente grata de que los visitantes compraban masivamente, no se limitaban a mirar, hojear, preguntar. Sabían lo que querían, mostraban gran interés por las novelas, los autores ecuatorianos, los inevitables libros de formación personal, autoestima, yoga, psicología, pero también literatura infantil, libritos de bolsillo que caben en la palma de la mano, traen versos de Gibrán o Neruda.
En medio de tantas malas noticias, inquietudes frente al panorama político, la gente se olvidó de pronto de la Asamblea Constituyente, del aumento en el precio de los víveres. Aun cuando se nos anunciaban alzas en productos vitales, la Feria proponía libros de todo tamaño, precio, permitiendo alimentar el espíritu de acuerdo al presupuesto individual. Ingresé con unos cien dólares pensando gastar unos quince o veinte, pero el entusiasmo se desbocó: salí sin un solo billete en el bolsillo. Compré no solamente para mí sino para uno que otro amigo porque el libro puede convertirse en regalo ideal, expresando complicidad entre quien lo obsequia y quien lo recibe.
En una zona especialmente adecuada, se presentan charlas, actuaciones artísticas, mesas redondas, talleres literarios para niños, adultos, conversatorios con hombres como Miguel Donoso Pareja, cuyos achaques nunca pudieron acabar con una extraordinaria juventud hecha de ilusiones, esperanza, deseo de ver florecer aquella tierra a la que tantas veces canta en sus libros. La Orquesta de Cámara del Museo Municipal y otras entidades se encargan de recordarnos que el arte es uno solo vestido de mil maneras: pintura, escultura danza, música, gastronomía. Entusiasmo pluricultural, pues debía destacarse la actuación del grupo de danzas del Movimiento Indígena del pueblo kichwa.
No importa en el fondo que la gente llegase allí en busca de Harry Potter, El Principito, la bellísima antología de Alberto Cortez, los cuentos de Luzrosario Araújo presentados por Maritza Cino (“Escribir es revelar el mundo” dijo J.P. Sartre). La Feria de los libros es un ameno retiro espiritual en medio del bullicio de la ciudad, un reencuentro con el pensar de los demás y nuestra propia sensibilidad, el cruzar repentino con entrañables amigos. Tal vez podríamos congeniar con el Libro de memorias de Oswaldo Viteri, la fascinante obra de Santiago Camacho: Veinte grandes conspiraciones de la Historia, o quedarnos a escuchar la conferencia de Fernando Artieda acerca del hablar popular en la literatura: símbolo, de cierta forma que nos acerca a la esencia misma de esta exitosa feria. La cultura como entusiasmo masivo es lo que distingue a un pueblo. |
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La Fundación Accur y la Asociación de Artesanos Avanti tienen abiertas las inscripciones para los cursos de maestro pastelero, panadero y jefe de cocina. Interesados en la capacitación pueden comunicarse a los teléfonos 238-5204, 238-9330. |
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