Medio centenar de obispos latinoamericanos deliberaron cuatro días en La Habana en busca de alternativas para enfrentar retos, amenazas y nuevas situaciones políticas que le hacen perder espacio a la Iglesia Católica, en una región donde vive la mitad de sus fieles.
El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) eligió su nueva directiva, escuchó los informes de las Conferencias de obispos de cada país, y desbrozó el camino para una nueva cruzada evangelizadora en la región, respuesta de una Iglesia amenazada por los tiempos.
"No podemos volver la vista atrás ni mirar hacia otros sitios, las situaciones de cristiandad, de Iglesia instalada, aceptada y escuchada con reverencia no existen ya en ningún lugar", dijo el cardenal cubano Jaime Ortega en la misa que la noche del viernes cerró la XXXI Asamblea Ordinaria del CELAM, en una abarrotada catedral de La Habana.
Lacónico, pero convencido, monseñor Ortega dijo ante otros tres cardenales, varios arzobispos y cuatro decenas de obispos, que "es el momento de dejar falsas seguridades para partir de misión".
En mayo, las Conferencias Episcopales se reunieron en Aparecida, Brasil, para analizar los retos que enfrenta la Iglesia Católica en el siglo XXI: avance de otras religiones, nuevas tecnología, cambios de concepciones filosóficas, todo lo cual le hace perder espacio en una región que alberga a la mitad de sus 1.000 millones de fieles a nivel mundial.
El documento de Aparecida, redactado entonces y aprobado ahora por Benedicto XVI es el análisis que lleva la respuesta de la Iglesia, la Misión Continental, "una Iglesia en estado perenne de misión", según dijo Ortega ante representantes del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC), presentes en el templo.
La reunión se celebró por primera vez en un país socialista, donde las relaciones entre la iglesia y el estado han sido difíciles. En este sentido, el CELAM dio un espaldarazo a la iglesia católica en Cuba, que aprovecho para pedir más acceso a las cárceles, a la educación y a los medios de comunicación.
Una corriente nacionalista, con tintes de izquierda alcanza a varios países de la región. Excepto por un mexicano, la composición de la nueva presidencia del CELAM parece expresar la preocupación eclesial: un brasileño, un venezolano, un argentino y un cubano.
En el mismo sentido se recibió la decisión del CELAM de realizar su próxima reunión ordinaria de 2009 en Nicaragua, donde en enero asumió la presidencia el sandinista Daniel Ortega, con un historial de enfrentamientos con la Iglesia de vieja data.
Para el nuevo primer vicepresidente Baltazar Porras, arzobispo de Mérida, Venezuela, uno de los retos actuales de la Iglesia es "la aceptación del pluralismo y la aceptación de puntos de vista distintos".
"Vivimos en un mundo plural, no se trata de ver cómo enfrentamos esta nueva situación, sino cómo podemos asumirla", añadió el prelado, quien ha tenido duros duelos verbales con el presidente de su país, Hugo Chávez.
El cubano Emilio Aranguren, obispo de Holguín y uno de los cinco de la nueva presidencia del CELAM, piensa que "esta misión, poco a poco, se tiene que ir purificando de una serie de prejuicios, de una serie de predisposiciones".
"Muchas veces han habido acontecimientos en la historia que han contribuido a eso y otras veces responde a una mentalidad ideológica específica", añadió.
El obispo argentino Andrés Stanovick terminó su período de cuatro años como secretario general del CELAM, y ahora fue electo vicepresidente.
"En una verdadera encrucijada histórica que nos ha colocado este cambio de época, es necesario estar muy atento para discernir los cambios que se están produciendo y ver cuáles son los que favorecen la vida verdadera", opinó.
Por ello, el cardenal Ortega pidió a los religiosos actuar "con la cautela de la serpiente y con la mansedumbre de las palomas", pues "nadie puede remplazarnos en esta tarea".
"Nuestra misión no consiste en imponer, sino en proponer, no es la de arrastrar seguidores, sino la de invitar", añadió.