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La misión de Blair |
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Hay desventajas en el nombramiento de Tony Blair como enviado especial del cuarteto –Estados Unidos, la Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia– que supuestamente debe supervisar los avances de la inconclusa hoja de ruta para un pacto de paz entre israelíes y palestinos. Sin embargo, no se puede negar que el ahora ex Primer Ministro británico ha reconocido desde hace mucho tiempo la necesidad de negociar una resolución justa y perdurable, que implique la coexistencia de dos estados, a un conflicto que, de lo contrario, podría ser explotado por dictaduras regionales y yihadíes por igual.
Más aún, la tenacidad de Blair y su astucia para conducir a los unionistas y republicanos de Irlanda del Norte hacia una resolución pacífica de su histórica enemistad deja entrever que cuenta con las habilidades de pacificación que se requieren.
Para tener éxito en su nuevo papel, Blair tendrá que superar su asociación con los errores del presidente Bush en Iraq y los imperdonables recuerdos del colonialismo británico que persisten tanto entre palestinos como israelíes. Además, estará constreñido por su estrecho mandato para ayudar al gobierno del presidente palestino, Mahmoud Abbas, a obtener respaldo internacional, erigir estables instituciones gobernantes, afincar el estado de derecho y fomentar el desarrollo económico.
El mandato de Blair no incluye un papel de mediación en negociaciones entre palestinos e israelíes. Por ahora una responsabilidad así está reservada a la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice. De producirse en algún momento genuinas negociaciones para acabar con el conflicto, hará falta un equipo de mediadores a tiempo completo, cuyos integrantes tengan conocimiento íntimo de los temas de mayor relevancia.
Por ahora, son los dirigentes de Arabia Saudita, Egipto y Jordania los que están tomando la delantera diplomática en busca de la paz, y no el gobierno de George Bush. Se sienten consternados ante el golpe de Hamas en la Franja de Gaza. Allí ellos ven la mano de Irán en acción, al igual que en Líbano. Temen que la ola islamista amenace a sus regímenes. Además, creen que la división de los palestinos de la Franja de Gaza respecto de los que están en la ribera occidental (Cisjordania) tan solo puede ser una fórmula para perpetuar la ocupación de Israel, así como prolongar un conflicto que los debilita en la confrontación que vislumbran con Irán.
Esos dirigentes árabes comprenden que Hamas y su respaldo iraní están ascendiendo debido a que Israel y Estados Unidos no avanzaron hacia verdaderas negociaciones con Abbas en cuanto a ponerle fin al conflicto. Temen que de no alcanzarse pronto la solución de dos estados, los yihadíes de la red Al-Qaeda pudieran ser lanzados sobre sus barrios. Quizás la mayor contribución que Blair puede hacerle a Oriente Medio sería comprender los peligros estratégicos de un fracaso para alcanzar un acuerdo de paz negociado y convencer a quien hasta ahora ha sido su amigo, el presidente George W. Bush, de que el tiempo se está acabando para las fuerzas de la moderación.
Distribuido por The New York Times News Service |
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