En los centros de Jipijapa, Bahía y Portoviejo se extorsiona a los reos.
Le colocaron una toalla en el rostro y luego solo sintió que le cayeron a golpes en los insalubres baños del Centro de Rehabilitación Social de Jipijapa, en el sur de Manabí.
Tras la golpiza y cuando ya se recuperaba en el único patio donde los 135 reos de esta cárcel se pasean durante el día, lo volvieron a abordar, pero esta vez fue para pedirle dinero a cambio de protección.
“Me dijeron que alguien de afuera me había mandado a virar (asesinar) y que debía darles dinero, y así me tuvieron hasta que salí”, explicó este ex presidiario, que prefirió no identificarse.
Esta práctica, bautizada como “toallazo”, es común en las tres cárceles que hay en Manabí, según ex internos de estos centros penitenciarios.
Las riñas entre reos, que dejan heridos con armas cortopunzantes, también se registran en la cárcel de Jipijapa, pero las irregularidades van más allá.
“Un joven sano que por desgracia va preso entra a dañarse, enseguida es víctima de los vendedores de droga que le ofrecen sustancias ilícitas. Un reo en Ecuador no se rehabilita nunca, pues solo ingresa para aprender a delinquir o a perfeccionarse en el delito”, comentó Juan N., otro ex reo.
Señaló que el menú habitual en este centro penitenciario también genera quejas por parte de los detenidos y es otro de los problemas comunes.
Colada en el desayuno, caldo de pata con arroz puro en el almuerzo y arroz con mortadela o tortilla de huevo en la merienda es lo que comen los reos, hacinados en 20 celdas.
Ello constituye otro problema. Ocho detenidos permanecen en una celda con capacidad para albergar a cuatro. “Algunos duermen en literas, en colchones y otros en el suelo apiñados uno junto al otro”, refirió Juan N. El hacinamiento y la supuesta extorsión de los guías penitenciarios también muestran las falencias y anomalías en esta cárcel.
“Algunos guías nos cobran a cambio de que nos dejen ver a nuestros familiares en las visitas, o para permitirnos el ingreso de algún colchón o tarrina con comida”, dijo otro ex reo que prefirió no identificarse
En este centro hay 20 guías penitenciarios que laboran en dos turnos al día.
Para ellos no hay problema de seguridad, pese a que parte del cerramiento lateral externo se desmoronó y dejó al descubierto un charco de desperdicios (tarrinas, fundas, cucharas) a un costado del muro que da a las celdas, y al pie de donde se levanta una caseta de vigilancia.
El único que afrontó las presuntas irregularidades fue el director de la cárcel, Galo Ponce Morán, que recién fue posesionado hace 17 días.
El funcionario admitió que hay problemas pero negó que la práctica del “toallazo” se dé en la prisión que él administra.
“Gestionamos un pabellón más para solucionar el problema del hacinamiento y desde que yo asumí no se han presentado problemas.
No puedo responder por anteriores administraciones”, precisó.
El funcionario agregó que hay un entendimiento entre guías y reos para evitar cualquier problema de seguridad, y que incluso se entrevista con ocho internos al día para escuchar sus peticiones y encontrar las soluciones.
Ponce resaltó que el Estado les asigna 135 dólares diarios, uno por cada reo para las tres comidas, y que en ese aspecto no hay inconvenientes. El monto para alimentación es entregado cada mes.
Lo único que admitió el director es el problema del hacinamiento, pues la capacidad máxima es de 60 presos, pero hay 135, más del doble.
Ello hace que los detenidos que se encuentran acusados de asesinatos, secuestros, robos, violaciones, estafas, entre otros delitos, compartan el único patio que existe en este centro penitenciario.
Cifras
950
Presos. Ese es el número de internos en Portoviejo, Jipijapa y Bahía de Caráquez.
50%
Reos. Los que se encuentran recluidos sin sentencia representan este porcentaje.