En la zona sur de la frontera ecuatoriana, el contrabando de gas de uso doméstico es una actividad cotidiana aupada por la falta de controles y la rentabilidad de un negocio que le deja pérdidas millonarias al país.
Los cilindros de gas de uso doméstico llegan hasta la fronteriza población peruana de Aguas Verdes –que colinda con Huaquillas en Ecuador– en bicicleta, en triciclos o al hombro.
El comercio caracteriza a esa zona, donde el negocio del gas mueve la economía de la mayoría de las 1.200 familias de la frontera. Un cilindro de gas en Ecuador está subsidiado y cuesta 1,60 dólares, pero en Perú se consigue a ocho dólares.
Los contrabandistas lo venden a seis dólares y ganan, por cada cilindro, cuatro con cuarenta centavos. De ahí que el contrabando sea una de las causas permanentes de la escasez de gas, problema que se agudizó desde que se redujeron los cupos de gas subsidiado teniendo en cuenta el uso doméstico.
En un recorrido por la frontera sur, un equipo de este Diario constató cómo en el puente internacional de Huaquillas y en Macará los contrabandistas entran al país y luego vuelven al Perú cargados de cilindros. Los viejos carros que cubren la ruta, entre la línea de frontera y Tumbes, van repletos de alimentos mezclados con las bombonas provenientes del Ecuador. A esto se suma la falta de control policial, en especial de noche.