#1
El mensaje de la Palabra de Dios
El Dios salvador irrumpe en la historia: el Reino está llegando, y se necesitan misioneros que lo anuncien y lo inicien. Jesús envía a setenta y dos discípulos, número de plenitud y signo de todos los misioneros posteriores de la Iglesia. Con el inicio del Reino de Dios, el reino del mal comienza a ser derrotado.
#2
¿Qué compromiso me pide el Señor?
Aceptar mi vocación bautismal de discípulo y mi compromiso de ser enviado. No es la misión la que origina el Reino, sino que es el Reino el que necesita y suscita misioneros que lo anuncien. El Reino viene como paz: la irrupción de los bienes mesiánicos, la apertura a Dios y la instauración de la justicia entre nosotros.
Los misioneros de hoy, obispos, sacerdotes, catequistas, animadores, deben seguir el estilo de la primera misión. La obra de la evangelización sigue siendo esencial, por encima de otras actividades. La Nueva Evangelización debe suscitar la fe, y comprometer a todos en la tarea de construir el Reino de Dios. La caída de Satanás y el poder de aplastar las serpientes y escorpiones, símbolos de las fuerzas del mal, señalan que el dominio del Diablo está llegando a su fin. Si el inicio del Reino es el inicio de la victoria de Cristo sobre el reino del mal, debemos tomar muy en serio la tarea de construir el Reino de Dios: como un mundo nuevo, con ciudadanos de categoría única, que democráticamente programan el bien común, que reparten entre todos, desde la justicia social, la riqueza nacional que Dios nos dio para todos.
#3
¿Cuál es mi respuesta, hoy?
* Hacer algo en mi barrio para que asome el Reino: en situaciones más humanas.
* Si la política es el único espacio para poder cambiar el país, ¿cómo la utilizamos los católicos?
* ¿Qué estoy sembrando yo para que asome el mundo nuevo iniciado por Jesús?
Evangelio
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas. Asamblea: Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen por tanto, al dueño de la mies, que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá.
Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den.
Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”.
Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.
Palabra del Señor.
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.