Inicio - eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
DOMINGO | 8 de julio del 2007 | Guayaquil, Ecuador
 Ediciones Anteriores
  
eluniverso.com Suplementos Especiales Servicios Clasificados
Publicidad
Portada
Política
Economía
Sucesos
Migración
El País
Internacionales
Deportes
El Gran Guayaquil
Vida
En escena
Religiosa y Obituarios
Opiniones
Editorial
Columnistas
Vladdomanía
Cartas al Director
Temas
Fotogalerías
Agropecuario
Cuéntamelo todo
Un día como hoy
El Alquimista
The New York Times
Eloisa dice
Suplementos
Servicios
eluniverso.comNew York Times
LEE CHAN

Por fin en Corea del Sur, aunque extraña el Norte

ampliar imagen ampliar imagen

“Cuando pienso en todas las cosas que tengo que hacer aquí, me siento abrumado. Me siento tan pequeño”.
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail

Julio 08, 2007

Por NORIMITSU ONISHI | INCHEON, Corea del Sur

Cuando el elevador llegó al piso 17, las puertas se abrieron para revelar a Lee Chan. Él esperaba en el vestíbulo y se veía mucho más viejo que en el año pasado, su rostro arrugado y quemado por el sol, su cuerpo entero, al parecer, encogido.

En ese entonces, se había convertido en el líder extraoficial de docenas de refugiados norcoreanos retenidos en el centro de detención de inmigrantes, en Bangkok, Tailandia. Parado con dignidad en una celda de visita llena de detenidos de todo el sureste de Asia, mientras fumaba abiertamente un cigarro que de alguna manera había logrado obtener, hablaba de un modo engreído y parecía un líder nato. Era imponente.

A pesar de las privaciones que soportó en el Norte y durante su escape a través de China, también se veía más joven que un hombre de casi 40 años. Pero los meses transcurridos desde su llegada a Corea del Sur, en diciembre, lo han cambiado. Ahora vivía en un lugar que nunca imaginó ocupar, uno de los nuevos poblados sin personalidad en la periferia de Seúl, salpicadas de altos edificios de departamentos idénticos color blanco con azul.

“He perdido mucho peso. Es el estrés de vivir en Corea del Sur”, comentó Lee. Era un domingo —su único día libre de la compañía purificadora de agua donde recientemente había comenzado a trabajar— pero las preocupaciones lo tenían alterado.

Tenía que pagar los 3.400 dólares que les debía a los agentes que lo habían pasado de contrabando a través de China y del Triángulo Dorado hasta Tailandia.

Tenía que encontrar una manera de llevar a su madre, de 62 años, quien permanece oculta en el noreste de China. Recientemente había terminado con su novia, una norcoreana que había compartido el trayecto con él a Corea del Sur.

Y también estaba Corea del Sur, el país que anhelaba alcanzar. Diferencias provenientes de medio siglo de ser una península dividida, su revelador acento del Norte, una palabra mal usada, todas estas cosas lo delataban como foráneo. Había descubierto, igual que los diez mil norcoreanos que ahora viven en el Sur y tienen la ciudadanía sudcoreana, que aún no estaba en casa.

“Cuando pienso en todas las cosas que tengo que hacer aquí, me siento abrumado”, dijo. “Me siento tan pequeño”.

A Lee, ahora de 39 años, le había tomado casi la mitad de su vida llegar a Corea del Sur. Su recorrido comenzó a los 20 años, cuando estaba en el ejército y se enredó en una disputa con un superior, comentó.

De acuerdo con su relato, intentó dejar el Norte, mas fue atrapado y sentenciado a diez años de prisión. Después de ser liberado, tuvo una serie de empleos que variaban desde mantenimiento de líneas telefónicas hasta un trabajo en una fábrica de fertilizante. Su padre, señaló, murió en la gran hambruna de fines de los años 90.

Luego, a fines de 2005, Lee llegó a China y se unió a su madre, quien vivía ahí desde un par de años antes. Después de trabajar siete meses y ganar lo suficiente para pagar parte de los honorarios de los contrabandistas, Lee llegó a Bangkok y, después de seis meses en el centro de detención, por fin llegó a Corea del Sur.

Al igual que todos los refugiados norcoreanos, Lee fue detenido alrededor de un mes por el Servicio Nacional de Inteligencia. Fue interrogado durante varios días antes de ser puesto en confinamiento solitario, afirmó. Se sentió intolerablemente solo.

“Aquí todo gira en torno al dinero”, dijo. “Vas a trabajar en la mañana —ni siquiera puedes recibir llamadas en tu celular en el trabajo— luego vas a casa y te duermes.

En Corea del Norte, hay una cerca alrededor de la gente para controlarla. Pero es muy colectivo, así que las personas se ayudan unas a otras. En ese sistema, las personas encuentran maneras de tener relaciones significativas entre ellas”.


Secciones : Política | Economía | Sucesos | El País | Internacionales | Deportes | El Gran Guayaquil | En escena | Vida
eluniverso.com | Suplementos | Especiales | Servicios


eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
Diario El Universo - Av. Domingo Comín y Calle 11 - Guayaquil, Ecuador
Telf.: 593 4 2490000 Fax: 593 4 2492925 P.O. Box: 09 01 0531

Este diario es miembro de AEDEP, SIP, WAN

© Derechos Reservados Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados