En mayo, dentro de la atmósfera candente del Festival de Cine de Cannes, la actriz italiana Asia Argento era un sistema meteorológico en sí misma, al crear bolsas de turbulencia donde quiera que iba. Argento es una de esas raras actrices cuya simple presencia instantáneamente hace que una película sea menos predecible.
Tuvo tres películas en el festival y, en cada una, conquistó hábilmente escenas que volverían un manojo de nervios o reducirían a peleles a la mayoría de los intérpretes.
En “Old Mistress”, de Catherine Breillat, tiene el papel de una cortesana española enredada con un niño bonito aristócrata, en el París de la década de 1830, y consuma el romance al lamer con avidez la sangre del pecho herido de su amante.
Más tarde, tienen relaciones sexuales bañadas en llanto junto a la hoguera fúnebre de su bebé muerto.
Como una ex prostituta en “Boarding Gate”, thriller transcontinental de Olivier Assayas, ella atrapa a un ex amante (Michael Madsen) en juegos mentales de sadomasoquismo que se vuelven cada vez más físicos.
Lo realmente sensacional, no obstante, se aprecia en “Go Go Tales”, de Abel Ferrara.
En el papel de una bailarina exótica —presentada como la “mujer más temible, más sexy y más peligrosa del mundo”— irrumpe en el escenario de un club nudista, acompañada de su mascota, un Rottweiler, y entrelaza lenguas con el perro babeante.
Con su magnetismo salvaje, Argento, de 31 años, es en verdad sexy y, para algunos, indudablemente temible. Pero su gusto por lo extravagante, fácil de tacharse como provocación, insinúa una audacia más profunda, aparente en sus actuaciones precipitadas, así como en sus deliberadas decisiones en su trayectoria.
“En Italia, la gente me cree un cliché”, dijo. “La dama misteriosa, la perra del infierno. Todo lo que ven es que estoy desnuda”.
Si hay un tema en la trayectoria de Argento, es que hay más de una forma de estar desnuda. Hija del maestro italiano del terror, Dario Argento, también es cineasta y se ha creado para sí misma un par de vehículos estelares extravagantemente espeluznantes: “Scarlet Diva” (2000), un psicodrama sobre una actriz que desea ser realizadora, y la impactante adaptación de J.T. LeRoy de “The Heart is Deceitful Above All Things” (2004), en la que interpreta a la madre de todas las madres monstruosas.
Para Argento, dirigir es, en parte, una forma de controlar su propia imagen y, por extensión, el rumbo de su carrera.
“Podría haber tomado un rumbo u otro”, dijo. “Cuando era adolescente hacía comedias comerciales en Italia y ganaba premios. Era la niña de oro. Y luego, hice ‘Scarlet Diva’, y todo el mundo dijo: ‘Vaya, ¿quién es ella?’”.
Los filmes más recientes de Argento, que provocaron que los asistentes al festival la coronaran como la “reina de Cannes”, son, hasta la fecha, las vitrinas más generosas para sus encantos. “An Old Mistress” y “Boarding Gate” incluyen los sellos característicos que la han convertido en una dama del misterio para todo propósito, al tiempo que también le presentan nuevos retos en su camino.
Argento ha actuado desde que tenía nueve años, y se unió al negocio familiar en parte como una forma de pertenecer a la familia.
“Yo era tímida y rara”, afirmó. “Cuando hacía películas era la única ocasión en que pertenecía a algo”.
Argento está orgullosa de su padre. “Si alguna vez me vuelvo muy convencional”, dijo, “siento que estoy descuidando su legado”.