En discursos maratónicos salpicados de citas de Marx y elogios al Ché Guevara, el Presidente Hugo Chávez repetidamente promete eliminar el capitalismo en Venezuela.
Sin embargo, resulta que las políticas económicas de Chávez han generado una bonanza para las más capitalistas de las instituciones: los bancos venezolanos. Un gasto público récord, impulsado por los altos precios del petróleo, está inundando de dinero a esta economía floreciente.
Los controles gubernamentales de divisas ahora atrapan gran parte de ese dinero en Venezuela. El dinero extra, a su vez, eleva el gasto de los consumidores y los bancos se aprovechan al conceder enormes cantidades de préstamos, anunciados en llamativos panorámicos por todo Caracas.
Y con las tasas de interés más bajas que el índice inflacionario, “tendrías que ser un idiota para no sacar un préstamo ahora”, dijo Richard Francis, director de calificaciones soberanas de Standard & Poor’s.
Por consiguiente, las ganancias de los bancos crecieron 33 por ciento el año pasado, encabezadas por aumentos de más del 100 por ciento en los préstamos a tarjetas de crédito y del 143 por ciento en créditos automotrices, de acuerdo con Softline Consulting, firma de análisis financieros en Venezuela. La contribución de las industrias bancaria y aseguradora al producto interno bruto creció 37 por ciento en 2006, informó el banco central venezolano. Pero los bancos quizá estén prosperando demasiado para el gusto del gobierno.
Chávez advirtió, en mayo, que el estado podría tomar el control de la industria si no ofrecía financiamiento a bajo costo para los negocios venezolanos.
Los banqueros no descartan la posibilidad de una eventual expropiación de su negocio, aunque no esperan una acción de esa naturaleza en el corto o mediano plazo. “El gobierno necesita inversión privada en la banca”, dijo Dirán Sarkissián, presidente del Banco Stanford, en Venezuela. “Pregúntenles si tienen el personal para administrar 50 instituciones financieras”.
Mientras tanto, los clientes aprovechan la expansión del crédito. Betzaida Guerra, de 43 años, por ejemplo, contó que el año pasado descubrió en un anuncio de periódico que un banco podía financiar la cirujía plástica que quería desde hacía tiempo, pero que no podía pagar. En cuestión de semanas, aseguró el crédito para la operación, de casi cinco mil dólares, de aumento de senos.
El mayor uso de créditos es aparente en los barrios de clase media alta en Caracas, como Altamira, donde Gabriel Jiménez se preparaba para salir del lote de autos al volante de su nuevo sedán Mercedes- Benz C200. Jiménez había comprado el mismo modelo, sin financiamiento, en 2000, pero esta vez eligió un préstamo a 48 meses para pagar la mayor parte del costo a un interés del 19 por ciento. El banco Banesco, de propiedad venezolana, aprobó su préstamo en sólo 72 horas.
“El proceso realmente es fácil”, dijo Jiménez, abogado de divorcios.
Los funcionarios gubernamentales señalan la prosperidad de los bancos como indicador de una economía saludable, que creció más de 10 por ciento el año pasado y casi 9 por ciento en el primer trimestre de 2007.
Dicen que el aumento en el uso del crédito es reflejo de un creciente poder adquisitivo y del acceso a los servicios bancarios de los pobres en Venezuela, muchos de los cuales no tienen cuentas bancarias.
Bancos financiados por el estado han aumentado el acceso a micro-créditos para los venezolanos de bajos ingresos. Yolanda Vera, de la zona de clase baja de Propatria, en la parte poniente de Caracas, dijo que una de esas instituciones, un banco de desarrollo para la mujer llamado Banmujer, le ha otorgado una serie de préstamos, por un total de 2.500 dólares, para lanzar un negocio de mantelería. “Siempre quise tener mi propia compañía”, dijo Vera.