Es una medida del creciente optimismo kurdo que los funcionarios gubernamentales, en Erbil, hablen seriamente acerca de derrotar un día a Dubai como el principal centro de transporte y negocios del Medio Oriente.
El Gobierno Regional de Kurdistán apuesta a que sí podrá hacerlo, al invertir 325 millones de dólares en una moderna terminal en el Aeropuerto Internacional de Erbil, para manejar lo que los funcionarios esperan sean millones de pasajeros al año, y en una pista de cinco kilómetros que será lo suficientemente grande para recibir al nuevo Airbus A380 de dos pisos.
“No decimos que Kurdistán sea el paraíso”, externó Herish Muharam, presidente del Consejo de Inversión del gobierno kurdo, “pero les decimos a los inversionistas que Kurdistán puede ser ese paraíso”.
El gobierno de Kurdistán ha puesto especial énfasis en atraer inversionistas de Estados Unidos y Gran Bretaña, al lanzar una pulida campaña publicitaria llamada “El otro Iraq”.
Mientras el resto de Iraq ha caído en una espiral descendente, Kurdistán ha disfrutado de una relativa estabilidad política y ha sufrido violencia limitada, en parte debido a una homogeneidad sectaria y política de la que carecen otras partes del país. Las crecientes fortunas de Kurdistán están más que evidentes en la ola de construcción e inversión que se ha extendido por la región en los últimos cuatro años.
Las grúas de construcción son ahora una presencia común en el paisaje kurdo, al levantar hoteles, centros comerciales y complejos de oficinas y viviendas.
Aunque la infraestructura pública aún sufre de una crónica falta de inversión, el gobierno regional ha aprobado, de agosto a la fecha, proyectos de desarrollo principalmente privados con valor de más de cuatro mil millones de dólares.
Una construcción —Dream City— incluirá aproximadamente 1.200 casas con precios de 180 mil dólares a 700 mil dólares, así como tres escuelas, un supermercado, un restaurante, áreas de recreación, un casino y una mezquita, de acuerdo con Amer Ibrahim, gerente y arquitecto del proyecto.
El principal socio en el proyecto Dream City también construye un enorme centro comercial estilo estadounidense y cuatro torres de oficinas en el centro de Erbil. Varios hoteles de lujo están en construcción, y una co-inversión de austríacos, turcos y kurdos desarrolla un hospital de 500 camas.
Al preguntársele sobre las ideas más apremiantes que circulan en la comunidad de inversionistas, en Erbil, Ibrahim respondió: “Todo, todo, todo. Hay una gran carencia de todo. No hay servicios ni infraestructura”.
Pese a toda la flamante construcción en Kurdistán, existen deficiencias evidentes en el sector público. Los residentes de la región que dependen del sistema público reciben, a lo sumo, aproximadamente tres horas de electricidad al día. No todas las áreas de la región tienen acceso a agua potable y los sectores de cuidado de la salud y educación son débiles. No hay plantas para tratamiento de aguas residuales y el servicio de drenaje es inadecuado.
En la secuela inmediata a la invasión estadounidense, de 2003, los funcionarios de Kurdistán estaban tan desesperados por cualquier clase de inversión que aprobaron numerosos proyectos con sólo una preocupación limitada por las necesidades esenciales de la población. “El gobierno construyó como loco”, comentó Douglas Layton, director de la oficina, en Erbil, de la Corporación de Desarrollo de Kurdistán, sociedad pública/privada que promueve la inversión en la región. “No hubo un plan maestro”.
Los promotores de Kurdistán mencionan la homogeneidad de la región, así como a un fuerte ejército y a una red de inteligencia bien desarrollada, como apoyos efectivos contra la violencia desenfrenada.
“Es relativamente seguro”, comentó Layton, estadounidense que trabaja en Kurdistán.