Se suponía que los éxitos generados en el país serían la respuesta de China a Hollywood. Y, en cierta medida, los extravagantes presupuestos y los impactantes efectos especiales de “La maldición de la flor dorada”, “La promesa” y “El banquete” cumplieron con su cometido. Durante los últimos dos años, los filmes chinos han hecho pedazos los récords de taquilla en Beijing y han tenido un mejor desempeño que las películas importadas de Hollywood.
Pero lejos de inspirar orgullo nacional, esos filmes, de los conocidos directores Zhang Yimou, Chen Kaige y Feng Xiaogang, han provocado un acalorado y a veces despectivo debate nacional acerca del futuro del cine chino y si los principales cineastas del país son verdaderos artistas o simplemente embusteros buenos para la política.
Varios críticos y directores más jóvenes han acusado a algunos miembros de la llamada quinta generación de cineastas —un grupo que maduró en los años 80 e inicios de los 90 con dramas galardonados como “La linterna roja” y “Adiós a mi concubina”— de abandonar su pasado con conciencia social y venderse al gobierno. Quizá peor, sus filmes no sólo son tachados de exageradamente comerciales, sino también son “aburridos y vacíos”, de acuerdo con Cui Weiping, profesor de la Academia de Cine de Beijing. “Las cintas de gran presupuesto definitivamente pueden existir, pero no tienen que ser tan feas”, dijo.
Incluso algunos elementos del gobierno chino, que en gran medida ha apoyado la aparición de cintas de gran presupuesto, han intentado actuar como críticos de cine y han tachado a los filmes de obscenos y moralmente vacíos.
A pesar de la mordacidad, los cineastas no se muestran contritos. “El mercado del cine en China enfrenta graves problemas, ya que la mayor parte ha sido ocupada por películas extranjeras: películas de Hollywood”, aseguró Zhang, cuyos filmes varían de “Sorgo rojo”, de bajo presupuesto, a “La casa de los cuchillos”, llena de efectos especiales.
“Si nadie en China hace películas comerciales, el mercado entero será tomado por los extranjeros y a nadie le importará la cultura y la tradición china”.
Zhang dejó a un lado sus dramas sociales ambientados en aldeas para hacer “Héroe”, otra elaborada cinta épica de artes marciales, estelarizada por Zhang Ziyi, estrella china de “El tigre y el dragón”.
“La casa de los cuchillos”, también estelarizada por Zhang, siguió poco después. Y en diciembre fue estrenada “La maldición de la flor dorada”, que, con un precio de 45 millones de dólares, es la película más cara jamás hecha en China.
Kaige, director de “Adiós a mi concubina”, estrenó “La promesa”, cinta épica de fantasía, de 35 millones de dólares, promovida como un “El señor de los anillos” chino. Y un tercer director chino, Feng, quien con frecuencia había dominado la taquilla nacional con comedias urbanas populares como “Teléfono celular”, produjo una versión china de “Hamlet”, de 20 millones de dólares, titulada “El banquete”.
Los filmes fueron muy publicitados e incluso apoyados por el mismo gobierno chino que alguna vez colocó a Zhang y a Chen en la lista negra, y contribuyeron a una taquilla récord en China. Pero las tres películas fueron destrozadas por los críticos y ridiculizadas por los medios noticiosos del país. Las esperadas victorias en el Óscar nunca llegaron. Los ingresos en la taquilla extranjera dejaron mucho qué desear. Y mientras que la taquilla fue fuerte en China, los gastos de producción y comercialización del filme fueron tan grandes que nadie obtuvo muchas ganancias.
Los directores incluso han sido vituperados por sus colegas cineastas. Zhang fue blanco de gran parte de los ataques. Sus primeros filmes fueron aclamados no sólo por su belleza sino por sus (disimuladas) críticas políticas. Ahora, es criticado por ignorar las batallas de la gente común a favor de filmes sin significado sobre los enredos de nobles chinos.
“Sus películas más recientes, aunque visualmente hermosas y comercialmente exitosas, ya no tienen los mismos significados profundos”, señaló Chen Xihe, profesor de cine en la Universidad de Shanghai. “Ha cambiado de ser una persona extremadamente inteligente que desafía al sistema tradicional a un cineasta modesto que le pone más énfasis al éxito en el mercado”.
Zhang se burla de las acusaciones de que usa sus filmes para ganarse la aprobación del gobierno. Y no porque sus últimos filmes han estado llenos de efectos especiales, afirma, significa que ha ya descartado los temas profundos.
“Esto no será algo a largo plazo”, dijo. “Quizá la próxima película que haga tendrá significados sociales y políticos muy profundos. Es difícil saberlo. Uno realmente no puede diseñar los periodos de su vida o de su creación artística. La creación artística es resultado de interés e impulso”.