¿Realmente son de ayuda las compras ecológicas?
He aquí una visión popular para salvar al planeta: abandone en la mañana las suntuosas sábanas de fibra de cáñamo de su cama y póngase un par de pantalones Levi’s de algodón orgánico, de 245 dólares, y una camisa tejida biodegradable marca Armani.
Salga de su habitación y pasee por su enorme mansión ecológica, con sus paneles solares fotovoltaicos, y vaya a la cocina remodelada con madera recuperada. Entre al estacionamiento para tres automóviles, iluminada por focos fluorescentes y póngase tras el volante de su Lexus híbrido, de 104 mil dólares.
Maneje al aeropuerto, donde aborda un vuelo de 12.875 kilómetros —con la precaución de haber comprado, de antemano, compensaciones para las emisiones de carbono— y pase una semana golpeando pelotas de golf, fabricadas de alimento compactado para pez, en un centro turístico ecológico en las Islas Maldivas.
Esa visión de una vida con conciencia ecológica, como una serie de decisiones sobre qué comprar, resulta atractiva para millones de consumidores y posiblemente define el movimiento ambientalista actual como preocupación por el planeta y declaración de moda, a partes iguales.
Unos 35 millones de estadounidenses compran, con regularidad, productos que afirman ser amigables con el planeta, de acuerdo a un reporte: desde lápiz labial de cera de abeja orgánica de la selva tropical de Zambia occidental, hasta autos Prius de Toyota.
Dichas elecciones son consideradas a la moda, ahora que celebridades preocupadas por el calentamiento global aparecen en la portada del “ejemplar ecológico” de la revista Vanity Fair y que estrellas de pop, como Madonna y The Police, encabezan los conciertos Live Earth, realizados este 7 de julio en lugares alrededor del mundo.
Los consumidores han acogido la vida ecológica con los brazos abiertos y, en su mayoría, el movimiento ecologista tradicional ha acogido al consumismo ecológico.
Pero incluso en este momento de suma visibilidad e impacto para los activistas que defienden el medio ambiente, un ala separatista del movimiento ha comenzado a criticar lo que en ocasiones llama “ecologistas light”.
Los críticos cuestionan la noción de que podemos evitar el calentamiento global al comprar los así llamados productos amigables con el planeta, desde ropa y automóviles, hasta casas y vacaciones, cuando el efecto acumulativo de nuestro consumo sigue siendo enorme y peligroso.
“En este momento, hay una mentalidad muy común, que sostiene que todo lo que vamos a tener que hacer para evitar que sobrevengan catástrofes planetarias a gran escala, es tomar decisiones de compra ligeramente diferentes”, dijo Alex Steffen, presidente ejecutivo de Worldchanging.com, sitio en Internet dedicado a temas de sustentabilidad.
La verdadera solución, dicen él y otros críticos, es reducir significativamente nuestro consumo
de productos y recursos. No es suficiente construir una casa vacacional con madera reciclada; la forma real de reducir nuestra huella de carbono es tener solamente una casa.
Comprar un auto híbrido tampoco ayudará si es el ya mencionado Lexus, el modelo de lujo LS 600h L, que tiene un rendimiento de nueve kilómetros por litro en carretera; el Toyota Yaris (once mil dólares) rinde 17 kilómetros por litro, con un motor estándar de gasolina.
El asunto de las compras ecológicas pone de manifiesto una división en el movimiento ambientalista: “El movimiento ambientalista tradicional de la abnegación, contra este bando de ganarte el cielo comprando cosas”, dijo Chip Giller, fundador de Grist. org, sitio en Internet sobre temas ambientales, que afirma contar con 800 mil lectores. “Entre los ecologistas tradicionales, existe preocupación de que gran parte de la población piense que hay una salida fácil”.
Las críticas han aparecido sin mucho aspaviento en algunas publicaciones ambientalistas y en Internet.
George Black, editor y columnista de OnEarth, publicación trimestral del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, cuestionó hace poco la explosión de artículos ecológicos de lujo para el consumidor.
Llamó “eco-narcisismo” a los artículos que proclaman que “verde es el nuevo negro”, es decir, una tendencia de moda.
En su mayor parte, las críticas al consumo ecológico han provenido de activistas individuales, no de grupos ambientalistas convencionales como el Sierra Club, Greenpeace o Rainforest Action Network.
Una razón por la que los grupos convencionales tal vez se muestran reacios a criticar el consumo de los estadounidenses es que antes de la era más reciente del chic ecológico, estas grandes organizaciones soportaron años en los que sus advertencias sobre el cambio climático apenas si eran escuchadas.
Ahora que el ambientalismo es prominente, gracias en parte al éxito de “La verdad oncómoda”, documental de 2006, con el ex Vicepresidente
Al Gore, los ecologistas convencionales, en su mayoría, dicen que la compra de productos promocionados como ecológicos es un buen primer paso.
John Passacantando, presidente ejecutivo de Greenpeace USA, argumentó que el consumismo ecológico ha sido una forma de que la gente que compra en Wal-Mart supere los viejos estereotipos de los ambientalistas como “hippies abraza árboles” y contribuyan a su modo.
Esto es crucial, dijo, dada la naturaleza generalizada del desafío del calentamiento global. “Uno necesita a Wal-Mart y a Juan Pérez y a los alcaldes y a los choferes de taxi. Necesitamos participación en un frente amplio”.
Para algunos, el debate en sí de cuánta diferencia deberían intentar marcar en sus propias vidas, es una distracción. Pierden las esperanzas de que los consumidores individuales sean responsables de salvar al planeta del cambio climático y quieren ver acción de los líderes políticos de todo el mundo.
Consumidores individuales bien podrían elegir automóviles que consumen menos combustible, pero podrá sentirse un efecto mucho mayor cuando los estándares para consumo de combustible se eleven a nivel industria, tal como lo votó el Senado de Estados Unidos el 21 de junio. Será el primer aumento significativo en estándares de kilometraje en más de dos décadas.
“Una queja legítima que tiene la gente con el consumismo ecológico es que, a final de cuentas, las cosas que provocan el cambio climático son causadas más por los políticos y la economía que por la conducta individual”, dijo Michel Gelobter, ex profesor de política ambiental en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, y actual presidente de Redefining Progress, grupo sin fines de lucro de elaboración de políticas, que promueve la vida sustentable. “Gran parte de lo que necesitamos hacer no tiene que ver con las cosas que compramos”, dijo.
“Tiene que ver con el transporte en masa y la densidad de vivienda. Tiene que ver con la guerra y los subsidios para la industria del carbón y combustibles fósiles”.