Recuerdo la tarde de marzo pasado cuando se produjo un “suicidio” colectivo y vimos en fila a 57 diputados que marchaban “gallardamente” a paso de ganso.
Aquellos iban luciendo con “orgullo” las “medallas” otorgadas por la ignorancia legal hacia los hornos crematorios de la sanción; ocultar mi satisfacción ante ese desfile era un acto de hipocresía.
Esbozaba yo por eso una leve sonrisa y pensaba “quien a hierro mata, a hierro muere”.
Son los riesgos que se corren por andar buscando siempre la quinta pata al gato.
La partidocracia a lo largo de la historia política de nuestro Ecuador, grita a voz en cuello que dentro del actual Presidente se esconde una personalidad totalitaria, pero con sus movidas torpes no hace otra cosa que darle a él el camino libre para que apriete el acelerador a fondo del cambio.
Considero que ese fue el punto de partida para que el “baile” empezara y ahora el camino está allanado para poner en práctica todos sus proyectos, y nadie tendrá el derecho de acusarlo. ¡Nadie!
Si se quiere reclamar hay que hacerlo a nuestros “talentos” de pantalla, bien llamados padrastros de la patria. Aunque no estoy totalmente de acuerdo con todos los caminos elegidos por nuestro mandatario, como ciudadano, tengo la obligación de orar por él y por el Ecuador.
Deseo fervientemente que Dios ilumine las decisiones de nuestro Mandatario. Que Él sea el único que rodee con sus brazos divinos a nuestro Presidente y le enseñe el camino realmente adecuado para llevarnos hacia mejores días a todo el pueblo ecuatoriano. ¡Así lo esperamos!
Roland Díaz Chano,
ingeniero, Guayaquil