Memorias de Luis Vayas Amat, publicista y dirigente institucional guayaquileño.
Se llamaban “romanas” a las balanzas que utilizaban los tenderos y comerciantes para pesar los víveres y otros productos que se vendían por libras, arrobas y quintales. Todas las tiendas de barrio tenían su romana, igualmente las “barracas” en los mercados y los comerciantes mayoristas para pesar por arrobas y quintales. Hubo romanas de diferentes tamaños y formas, las carnicerías usan balanzas colgantes.
Estaba ubicada una romana en un local municipal dentro de los mercados para que los ciudadanos puedan verificar si el producto que habían comprado estaba con peso completo. Lo raro del caso era que casi todas las romanas tenían diferencias al pesar los productos, pero siempre el peso se inclinaba a favor de los comerciantes. Desde hace aproximadamente 50 o 60 años las romanas que se usan en el país son de fabricación nacional.
Las partes son fundidas por hábiles artesanos, imitando las extranjeras y los precios son relativamente bajos, los más conocidos fabricantes locales son los Abril y los Ulloa. La barra donde va la nomenclatura que indica el peso las mandan a confeccionar a grabadores de bronce para acoplarlas a las diversas balanzas. Casi todas son susceptibles de alterarlas.
Las balanzas colgantes de los carniceros las ubican con las medidas hacia adentro del local y si el cliente reclama pone el cuchillo sobre el plato para virar la balanza hacia fuera logrando aumentar algunas onzas con el peso del cuchillo sobre la balanza. Hay otros tipos de romanas que utilizan discos de metal, generalmente plomo para equilibrar el peso, pero los inescrupulosos perforan estos discos para que el peso sea inferior.
Como anécdota vamos a referir un caso: Un hombre de aproximadamente 180 libras de peso se subió a una romana que llevaban en un camión los compradores de papel viejo para reciclar y para su sorpresa solo pesaba 123 libras, sintiéndose desnutrido. En la actualidad se fabrican en el exterior balanzas de gran precisión, que detectan hasta el peso de un cabello humano, pero por su costo solo las utilizan los grandes supermercados y laboratorios.
Guayaquil:
Ciudad entre dos aguas inmortales, ciudad original, como ninguna: sueña el oro del sol de tus portales y, en la noche, la plata de tu luna.
Pablo Hanníbal Vela