- JUL. 02, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
El pasado miércoles 27 de junio Paris Hilton salió de la cárcel y pasó como heroína mediática. Lo hizo ayudada por CNN y por casi todos los medios del mundo. Así es, la Hilton dejó el traje a rayas para pasar directito al sillón de los invitados del veterano entrevistador Larry King para contar... Bueno, en realidad, para contar poco, todo lo obvio, nada de lo sustancial.
El Periódico de Catalunya dijo al respecto: “King, quien fue vapuleado por la mayoría de analistas, ni profundizó ni arañó más allá de la superficie. Quizá le afectó la primera frase de Hilton en el aire: ‘Le considero un ícono, realmente le respeto y es un honor para mí estar aquí’. Lo que siguió fue una hora de vaguedades”.
Pero lo más indignante de todo este tinglado mediático es que inicialmente el lugar de la Hilton ese miércoles iba a ser para Michael Moore, que –como sabemos– está presentando su último filme llamado Sicko. El documental de Moore trata sobre los 50 millones de estadounidenses que no tienen seguro médico y los 150 millones que viven en la angustia de no poseer suficiente dinero como para pagarlo.
¿Es más importante esto que los caprichos de la heredera de la cadena hotelera Hilton? Cómo se nos puede ocurrir semejante cosa: Así como nuestra TV critica a los candidatos faranduleros, pero se les presta pantalla que es un contento, en EE.UU. siguen vapuleando a Paris, al tiempo que la prensa está atenta hasta del más mínimo gesto.