Jueves 28 de junio del 2007 Cartas al Director

No ataquen a Guayaquil I

¡Basta ya de atacar a Guayaquil desde tantos ángulos! Es inconcebible que un hijo de esta ciudad que ha llegado al poder, aunque no fue por mayoría de votos de los guayaquileños, se dedique a estar en contra de Guayaquil.

¡Los guayaquileños verdaderos no lo vamos a permitir! Guayaquil avanzará como consecuencia del trabajo tesonero de los guayaquileños.

Nadie debe cercenar a Guayas; a los que menos les convendrá es a los peninsulares.

El Presidente debería velar por los intereses de la provincia, pero él practica aquello de “dividir para reinar”.

Ahora quiere mandar en la Comisión de Tránsito del Guayas, institución autónoma que se sostiene por su autogestión, con su propio dinero.

Está demostrado técnicamente que no es conveniente el tránsito de todas las cooperativas interprovinciales por el puente Rafael Mendoza Avilés, pero el Presidente no pierde la oportunidad de manifestarse en contra de Guayaquil, como lo ha hecho con respecto a la concesión del Puerto Marítimo. Los guayaquileños tenemos inherente a nuestra personalidad un amor profundo a nuestra ciudad y provincia, por esto es muy raro lo que le ocurre al presidente Correa. La historia está recogiendo sus actos.

Margarita Arosemena Gómez-Lince
Guayaquil

No sé desde cuándo los guayaquileños perdimos ese espíritu de lucha que tanto nos sirvió en el pasado para tener la frente levantada y acabar de decir ¡no! a los atropellos a los que se nos ha querido someter.

¿Dónde está esa madera de guerrero de la cual hacemos gala y hasta la pusimos en una canción que ya nos hemos olvidado de cantar?, ante un contexto nacional negativo que nos tiene sumergidos en el silencio y la expectativa de cosas peores a las que actualmente nos tiene sometido un Gobierno que ha puesto la proa a Guayaquil, sus instituciones y personas.

Eso ha originado un sentimiento negativo en nuestra población y, aunque no lo digamos, lo sentimos profundamente echando abajo el deseo de una provincia de ser libre y soberana y no depender exclusivamente de la buena o mala voluntad del mandatario de turno, al cual probablemente por diferentes motivos o circunstancias no le somos de su agrado.

Édgar Juan Diminich,
ingeniero, Guayaquil

Cartas al Director

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