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Bienvenida, Casandra |
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Hace menos de un año conocí a una negrita de quince años que pide caridad cerca de mi casa. Me fijé en ella cuando su pancita comenzó a crecer. Luego no tuve dudas: en ese vientre se refugiaba un bebé.
Nació hace tres meses. Se llama Casandra, y es una negrita tan hermosa como su niña mamá.
Casandra ha aprendido a dormir a la luz de un farolito cercano de McDonald’s, mientras su mamita (nunca mejor empleado el término) la acurruca y extiende la mano por las dos.
Casandra no sabe que la Constitución le garantiza el derecho a la vida desde la concepción. No puede saberlo porque el señor Estado nunca se ha dado una vuelta por allí para llevarle pañales, vitaminas o paños para limpiar su nalguita.
Casandra ignora también que estamos en campaña electoral y que ya hay candidatos que calculan cuántos votos más conseguirán con su demagógica proclama de que el Estado garantiza la vida.
No les interesan Casandra ni su madre. Si así fuese, tendrían alguna propuesta de planificación familiar, la que sea. Pero su única postura es NO: a los preservativos, a la píldora del día después, a la educación sexual, a todo.
¡Sepulcros blanqueados!
Si la mamá de Casandra hubiese tenido un preservativo o la píldora del día después en el momento oportuno, su vida no estaría libre de adversidades; seguiría en la calle seguramente, pidiendo caridad. Pero al menos no cargaría con la enorme responsabilidad de cuidar a otra niña, no tendría que vivir el drama de alimentarla, llevarla al médico, conseguir medicinas y pagar facturas.
Tendría más tiempo para jugar, como hacen otras niñas a su edad. Y quizás, con suerte, con mucha suerte (algo que los pobres no tienen), podría estudiar.
Pero ahora no. Tendrá que hacerse cargo de esa obligación que el Estado proclama y nunca asume.
Si la mami de Casandra hubiese tenido un preservativo o la píldora del día después a mano, su bebita igual hubiese venido al mundo, pero más adelante, en su debido momento, cuando su madre fuese una mujer adulta.
Pero los sepulcros blanqueados la condenaron. Para ganar votos anunciaron con su voz mojigata que el Estado garantiza la vida desde la concepción. Se olvidaron, eso sí, de aclarar quién le conseguirá a Casandra sus remedios y pañales.
¿A usted le repudia la idea del aborto? A mí también. Pero sí de verdad queremos que no se extienda como enfermedad social, entonces debemos darle a la mamá de Casandra, y a los centenares de miles de madres adolescentes que hoy existen en Ecuador, alguna solución anticonceptiva. Porque eso de que el Estado les garantizará a los bebitos su derecho a la vida es cuento.
Hace algunos años escuché una canción:
“Desnuda de frío y hermosa como ayer, tan exacta como dos y dos son tres, ella llegó a mí. Apenas la pude ver, aprendí a disimular mi estupidez. Bienvenida Casandra, bienvenidos el sol y mi niñez”.
Era Sui Géneris, el grupo de rock argentino de Charly García y Nito Mestre cuando eran adolescentes, casi niños. Creí entonces que nunca conocería a Casandra. Me tragué el cuento de que el Estado le garantizaría a su mamita el alimento, el vestido y la escuela, para que no tuviese que convertirse en madre antes de hora.
Ahora, ingresando a McDonald’s, a punto de comerme una hamburguesa colosal, con la conciencia tranquila porque le regalé un dólar a la mamá de Casandra, me digo: qué tonto fui. |
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