Las Islas Galápagos, incluidas por la Unesco en su lista roja de patrimonios, concentran los esfuerzos internacionales y del gobierno de Ecuador para evitar un daño irreversible a su ecosistema debido al turismo a gran escala.
El martes el Comité del Patrimonio Mundial inscribió a las Galápagos en su lista roja con el propósito de movilizar recursos para su conservación.
"Las especies invasivas, el turismo creciente y la inmigración son las tres principales amenazas que se ciernen sobre las islas. Por ejemplo, en los últimos 15 años, el número de días pasados en las islas por pasajeros de cruceros aumentó en 150%", señaló la Unesco.
En abril el gobierno del socialista Rafael Correa decretó la emergencia en el archipiélago y anunció restricciones para los vuelos, el turismo y los permisos de residencia.
"Creemos que esta es una oportunidad para insistir en nuestro llamado a la comunidad internacional para impulsar los esfuerzos que está haciendo el gobierno para resolver los problemas tan complejos que tenemos en las islas", señaló la canciller María Fernanda Espinosa.
La Fundación Charles Darwin, que desde hace 50 años trabaja en la conservación de la zona, también recibió con aplausos la decisión de la Unesco.
La salvación de Galápagos depende de "una decisión política, las autoridades tienen en la declaración de riesgo una oportunidad para tomar medidas de manejo. En sus manos está determinar cuántos turistas pueden ingresar al año", indicó Graham Watkins, director de la entidad.
"Hay problemas en Galápagos, pero no son de los que se ha hablado mucho (pesca o tortugas). Es ante todo el modelo económico y desarrollo de las islas", declaró.
Según el experto, en los últimos 15 años la zona ha "experimentado un cambio radical" a causa del turismo de los operadores internacionales, que se quedan con más del 80% de las ganancias.
"El turismo en Galápagos mueve 418 millones de dólares al año, de los cuales sólo 60 (millones) ingresan a la economía local, lo que lo convierte en el principal motor, muy por debajo de la pesca", indicó Watkins.
"Es un circulo vicioso: a más turistas más migrantes, más barcos y más posibilidades de un desastre como el del 2001, cuando el buque Jessica derramó miles de barriles de petróleo. Y Galápagos no sobreviviría a otro evento de esos", enfatizó Watkins.
Con la migración llegan las especies invasivas (insectos, ratas, perros, gatos y plantas) que alteran el frágil ecosistema, donde habitan animales únicos como los tiburones y las tortugas gigantes que le dan nombre a las islas, así como pájaros pinzones y árboles de escalecias.
"Hoy por hoy la especie más amenazada no son las tortugas gigantes, como se creyó por mucho tiempo, sino el pinzón del manglar. Sólo quedan cien de su género. El resto pereció por la acción de las ratas introducidas", relató el experto.
En el último año ingresaron a Galápagos 140.000 personas y de ellas 20.000 en condiciones distintas al turismo, de acuerdo con la Fundación Charles Darwin.
Según el más reciente censo, en el archipiélago residen 25.000 personas, 1.800 están ahí temporalmente y entre 3.000 y 5.000 son inmigrantes ilegales.
Las Galápagos fueron el primer lugar del mundo inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, en 1978. El área protegida se extendió en 2001.
En este archipiélago, el biólogo británico Charles Darwin estudió ampliamente la evolución de las especies, antes de llegar a la famosa teoría de la selección natural, publicada a mediados del siglo XIX.
Situado a 1.000 kilómetros de la costa ecuatoriana, el archipiélago concitó nuevamente la atención mundial seis años después de la tragedia ecológica ocasionada por el accidente del tanquero Jessica, que vertió sobre el mar miles de barriles de combustible.