Domingo 24 de junio del 2007 Cartas al Director

Telefonía móvil

Hace casi ocho meses, en una operadora de telefonía móvil, adquirí un equipo del más sencillo de las marcas para utilizarlo en mi trabajo.
Luego de cinco meses de uso el celular presentó daños en su alarma.
Lo llevé a un centro de servicio de esa operadora suponiendo que como el equipo no tenía un año de servicio, cubriría la garantía, pero no fue así, me dijeron que tenía “humedad” y que eso no cubría la garantía.
¡Qué respuesta más evidente si vivimos en un clima cálido húmedo!
Por el precio que me costó el equipo, le dije al empleado que me atendió que si el daño era mayor que no me facturara para ver qué fin le daba al equipo. Pero me hizo la factura y cancelé la reparación, porque si no deseaba, pagaba la mano de obra. Cancelé el cincuenta por ciento del valor del equipo.

Luego el equipo nuevamente  presentó la misma falla. Fui a un centro de servicio, hablé con un señor y le dije que si otra vez me iban a facturar me indicara si el teléfono servía, o cuánto costaría la reparación. Me dijo que regresara en una hora. Al volver, ya me tenía una factura señalándome que la falla no era la misma, sino otra.
El equipo se quedó en el centro de servicio hasta cuando tenga el efectivo para la reparación o para adquirir otro equipo nuevo en el mercado. Así no debe ser. Al atender al cliente deben poseer un gramo de conocimiento técnico para no engañar al usuario.

Iván Sanaguano Mata,
ingeniero electrónico. Guayaquil

En marzo cierta empresa anunció con bombos y platillos que las recargas de saldo daban el doble de su valor nominal. Así que ingenuamente y sin sospechar que estaban engañando, puse una tarjeta de $ 20 y efectivamente al escuchar mi saldo, tenía $ 40 y lo podía utilizar hasta el 8 de abril.

Ya en ese momento recibí mi primera decepción del servicio, ya que durante todo el día no pude hacer ninguna llamada porque la red estaba saturada por el enorme número de ingenuos usuarios que estaban activando tarjetas para aprovechar la promoción. El 7 de abril anunciaron nuevamente el mismo beneficio si se ponía una tarjeta ese día. Yo todavía no consumía todo el saldo de la tarjeta anterior ($ 40), pero metí una tarjeta de $ 6 para evitar que mi saldo caducara, lo que con la supuesta promoción me dio $ 12. Es decir, hasta ese momento había puesto $ 26, que me daban $ 52 gracias a la promoción. De eso, había consumido $ 7,27 y me quedaban $ 44,73 por consumir. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, el 4 de mayo llamé a consultar mi saldo y me encontré con la sorpresa de que no tenía $ 44,73 disponible, sino solo $ 18,73, ¡$ 26 menos! Al llamar a servicio al cliente me manifestaron que la duración de ese saldo promocional tenía una vigencia limitada, y ya había caducado; como no consumí ese saldo promocional, lo perdí.
Pero yo sí consumí $ 7,27. Inntenté explicarles, y mi saldo seguía en estado activo, y todavía no pasaban 30 días de la última tarjeta que ingresé. Me respondieron que para poder hacer uso de ese saldo promocional debía haber utilizado mis $ 26 ingresados, y solo una vez consumido todo mi “saldo real” podía utilizar el saldo promocional (o llamarlo “saldo ficticio”) solo para llamar a usuarios de cierta firma.
 Es decir, si me gastaba como loco todo el saldo que tenía para poder utilizar el saldo promocional y luego, por desgracia, necesitaba hacer una llamada a un número que no sea de esa firma de telefonía, no podía hacerlo, para eso debía ingresar una nueva tarjeta, y después, si deseaba consumir mi saldo promocional, debía primero gastarme como loco el saldo de la nueva tarjeta ingresada, y luego rogar no tener que llamar a un número que no sea de esa firma.

¿Será que piensa que somos tontos, o que tenemos una cultura de no reclamo y pueden engañarnos sin ninguna consecuencia? Ese robo del que fui víctima me sirvió por lo menos para no confiar en ciertas empresas. Espero que esta carta sirva para que las demás personas perjudicadas se den cuenta y puedan tomar medidas.

Carlos Cevallos M.,
Guayaquil

Empresas de telefonía celular promocionan la reducción de sus tarifas para llamadas, y que pueden hablar con usuarios de otras operadoras al mismo costo el minuto.

Pero para obtener el servicio hay que solicitarlo al operador, al momento se recibe un mensaje de texto (la contratación ha sido aprobada hemos debitado el costo, de su saldo).

Obviamente esas promociones le cuestan al pueblo ecuatoriano cientos de miles de dólares al mes. Lo más grave es cuando promocionan la duplicidad del valor de las tarjetas, una vez acreditada: si uno llama o envía un mensaje de texto a usuarios de otras operadoras no son aceptadas, y si reclama recibe un mensaje: su saldo es de su bono promocional, ingrese otra tarjeta. ¿A dónde se esfumó el valor real de la tarjeta que el usuario pagó?, además, ¿por qué no se acumulan los saldos de mensajes y llamadas no utilizadas durante el mes?

Cuando ofertan nuevos modelos de celulares se especula con el precio, para después de pocos meses los promocionan a precios muy reducidos. También distribuidores o tiendas autorizadas de expendios de celulares y accesorios no mantienen los precios estándares, sus ofertas marcan una diferencia entre el 10% al 20% o más en productos de la misma marca y calidad, los precios se imponen a su propio albedrío.
¿Dónde están las autoridades de control y regulación de precios y calidad?

Héctor García Rivera,
Guayaquil

Cartas al Director

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.