En el corazón de un complejo de vivienda pública, en West Harlem, se encuentra una deteriorada plancha de asfalto. Está enjaulada y a un mundo de distancia, a la sombra de los altos edificios de departamentos naranja obscuro. Las bases son lo que puedan encontrar los jugadores: guantes desgastados, camisetas, sus imaginaciones. El jardín es una cancha de básquetbol; las bolas de béisbol rebotan de manera extraña en esa dura superficie.
Pero todos los días, después de la escuela, un maestro lleva a un equipo de alumnos de secundaria a este endurecido campo de juego con bolas de béisbol, bates y guantes prestados.
Son un equipo nuevo en una nueva liga de béisbol de secundaria que es tanto un experimento social como un grupo de chicos que juegan.
Para muchos de los jugadores en este equipo de la Secundaria 286, la Renaissance Military and Leadership Academy, el béisbol es un respiro de las presiones, sociales y emocionales, que enfrentan todos los días.
La escuela no tiene una banda de música o un equipo de debate o gran cosa más allá de los estudios. Pero en el campo de béisbol, pueden ser estrellas, pueden ser alguien.
Y la plancha de asfalto bardeada, en el complejo de vivienda pública Manhattanville, se convierte en un diamante de béisbol. Se transforma de la misma manera en que incontables lotes agrietados y desoladas planchas de concreto se transforman cada verano en Nueva York, en campos de competencia, para deportes, para sudar, jugar y a veces hasta ganar en los días más largos del año.
Fuera del campo, algunos de los jugadores de la Secundaria 286 batallan con problemas de conducta, asistencia a la escuela y vidas inestables en casa. Hacen lo posible por evitar las pandillas y le restan importancia a la posibilidad de ser robados y atacados. Quieren ser beisbolistas.
“Siempre quise jugar, pero mi padre decía que no era bueno”, dijo Jefry Puntiel, de catorce años, quien es menos alto que la mayoría de los demás jugadores. “Así que éste es mi primer año. Y ha sido muy divertido”.
El equipo no escoge a los jugadores en base al talento; sólo toma en cuenta el comportamiento y las calificaciones.
El equipo no tiene gran financiamiento y, para algunos, el dinero escasea en casa, por lo que no todos los jugadores pueden darse el lujo de comprar el uniforme de 30 dólares.
“Simplemente intento hacer lo que puedo”, dijo Adam Diane, pitcher y jardinero de trece años. “Y no importa si no tenemos alguna cosa, si no tenemos camisetas o lo que sea, porque el béisbol no es un desfile de modas. Si jugamos bien, no será debido a la camiseta. Lo que importa es la experiencia”. También tienen otros obstáculos que superar.
Por ejemplo, Andrew Jarboe, de 24 años, profesor de ciencias sociales de la Secundaria 286 y entrenador del equipo, dijo que todos sus jardineros fueron arrestados hace poco y liberados poco después por haber peleado después de clases afuera de la escuela.
Algunos jugadores han faltado a casi tantos días de escuela como a los que han asistido, como el mejor pitcher del equipo, quien se ausentaba semanas enteras. Y más recientemente, un policía encubierto que se hacía pasar por taxista pidió refuerzos cuando dos miembros del equipo patearon tierra y lanzaron piedras después de una desgarradora derrota.“
Como maestro, la disciplina es quizá dos terceras partes de mi trabajo”, comentó Jarboe. “Varía de escuela a escuela, pero la 286 es una escuela difícil. Es una especie de, no es oficialmente un terreno para desechos, aunque es un terreno para desecho. Éstos son los niños que nadie más quiere. Y sí, eso se siente en el campo de béisbol. Lo bueno de eso es que realmente quieren jugar, así que puedo usar eso para motivarlos, por lo que el comportamiento es un problema menor en el campo que en la escuela”.
Este año, un amigo mencionó que un grupo de maestros de otras escuelas había formado una nueva liga. Jarboe inscribió a su equipo. Los jugadores incluían a veteranos de las Ligas Pequeñas y a niños que nunca habían tomado un guante. Este año el equipo se aventuró a salir de su duro refugio de práctica para ir a campos de tierra y pasto.