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Compositor cristiano halla inspiración en el Corán

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John Tavener compuso un lamento coral para el funeral de la Princesa Diana.
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Junio 24, 2007

Por MICHAEL WHITE | CHILDE OKEFORD, Inglaterra

Para cualquiera en Gran Bretaña, y para millones de televidentes en cualquier parte del mundo, la imagen emblemática de 1997 fue la toma aérea del ataúd de Diana, Princesa de Gales, mientras a vanzaba lentamente por la oscuridad de la Abadía de Westminster. Y la canción emblemática para esa imagen fue un crudo lamento cantado por el coro de la abadía, que captó el momento con una fuerza estrujante.

De la noche a la mañana, la revelación a nivel mundial de “Song for Athene” transformó a John Tavener de un distinguido compositor de música clásica en una figura pública.

Nuevos admiradores notaron su curiosa apariencia: alto y delgado, con cabello largo con partidura al centro y la imagen de una estrella pop de los 60 de camisa desabrochada hasta el ombligo. Para muchos, se convirtió casi en un guía espiritual: todo su trabajo estaba versado en el cristianismo. O, como le gustaba decir, “la tradición primordial’’.

La mayor parte de su producción hoy en día tiende a lo enorme, a alabanzas a Dios por largos períodos, con inmensa energía en amplios espacios: más que conciertos, son eventos. Y el que tuvo su estreno, el 19 de junio, en la Catedral de Westminster, podría considerarse un ejemplo más, pero involucra algo que probablemente perturbe a los seguidores de Tavener. En vez de palabras cristianas, usa un texto del Corán.

Dada la época que vivimos, esto es digno de interés periodístico, y han aparecido en la prensa británica diversas variaciones del titular:

“Tavener se vuelve musulmán’’, junto con artículos que reportan su pérdida de fe y desencanto con la iglesia cristiana. Nada de ello es verdad.

Haber escrito “The Beautiful Names’’ una meditación de los 99 nombres de Alá, encargada nada menos que por el Príncipe Carlos, para ejecutarse en una catedral católica, sí despierta ciertos problemas para Tavener. La acusación de oportunismo, por un lado. Por el otro, el riesgo de que los musulmanes, quienes no valoran mucho que se diga la música en el culto, podrían no mostrarse muy receptivos.

Tavener no ha abandonado la ortodoxia y sigue siendo un cristiano devoto, pero su mente y oídos se han abierto.

“Alcancé un punto donde todo lo que escribía era terriblemente austero y constreñido por el sistema tonal de la Iglesia Ortodoxa’’, dijo Tavener, “sentía la necesidad, en mi música por lo menos, de volverme más universalista: absorber otros colores, otros idiomas’’.

Fue un proceso gradual en el que su devoción a Oriente, como la verdadera fuente del arte centrado en Dios, comenzó a absorber elementos del hinduismo, islamismo e incluso chamanismo.

Pero fue específicamente durante la composición de “The Veil of the Temple” que ocurrió un suceso determinante.

Tavener, explicó, tuvo una visión: una visita de un médico brujo apache.

“Había buscado por todas partes este enorme tambor un sonido maravillosamente primordial, para usarlo en ‘The Veil’, y una amiga me llamó por teléfono para decirme que había encontrado uno y que me lo traería.

Cuando vino, también me trajo al médico brujo. Y después de que se fue, tuve una visión, que me dijeron es común después de tener contacto con esa gente que tiene la pureza e intensidad que el hombre occidental ha perdido’’.

El sueño, indicó Tavener, era una visita, del espíritu de Frithjof Schuon, filósofo místico. Y lo que Schuon le dijo a Tavener fue, en una palabra, relájate. Ábrete, por lo menos musicalmente, a otras posibilidades.

No se había hecho antes porque tomó mucho tiempo conjuntar las grandes fuerzas que requiere la pieza, indica Tavener, que incluye el Coro de la Catedral de Westminster, la Orquesta Sinfónica y Coro de la BBC (colocada estratégicamente en diferentes partes del edificio), el barítono solista John Mark Ainsley y, por supuesto, al tambor, que ceremonialmente se toca cada 99 compases: uno por cada nombre.


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