El Presidente boliviano Evo Morales, vistió una camiseta verde hace días, presenció el sacrificio de una llama para la buena suerte y voló a un punto nevado a casi seis mil metros sobre el nivel del mar, donde anotó el gol de la victoria en un breve partido en que él y sus ayudantes jugaron contra un grupo de alpinistas.
Fue una lección de teatro político andino, y de los peligros que puede sortear un deporte globalizado cuando se topa con las pasiones nacionalistas de un país pequeño.
A simple vista, el Presidente boliviano organizaba un divertido ardid para luchar contra un estatuto que prohíbe partidos internacionales de fútbol a alturas superiores a los 2.500 metros sobre el nivel del mar.
El veto, promulgado el mes pasado por las autoridades del fútbol, en Suiza, jugó a favor del populismo característico de Morales, y le dio una oportunidad de actuar como unificador de su país, difícil de controlar por lo demás.
“La dedicación de Bolivia al soccer trasciende las profundas líneas divisorias del país, que son económicas, raciales, regionales e ideológicas”, indicó Jim Shultz, analista político en Cochabamba, en el centro de Bolivia. “Luchar contra el veto es una excelente política interna”.
La Federación Internacional de Fútbol Asociación sostiene que el fútbol a grandes altitudes es desafiante, desde el punto de vista médico, porque el aire está más enrarecido.
Algunos expertos refutan esa posición. Robert C. Roach, subdirector en el Centro de Fisiología y Medicina de Altitud de la Universidad de Colorado, dijo que era difícil notar alguna evidencia de una ventaja para Bolivia, puesto que el país no es una potencia en el fútbol mundial. Y es posible que los bolivianos sufran por estar menos acostumbrados a jugar en el calor al nivel del mar, sugirió.
“El calor es mucho más desafiante para los atletas que la altitud”, aseguró.
En Cochabamba, donde un equipo local se ve afectado por el reglamento, la lucha del Presidente contra la FIFA atrajo apoyo incluso del gobernador Manfred Reyes Villa, uno de los críticos más ardientes de Morales.
La prohibición ha ayudado a impulsar a Morales, ex organizador del sindicato de productores de coca, otrora ganadero de llamas y autoproclamado defensor del pueblo indígena, que vive en lo alto de las montañas y apoya el uso del té de coca para contrarrestar el vértigo a esa altura.
Esas afiliaciones lo han convertido en una figura divisiva, que suscita rumores de secesión y demandas de una mayor autonomía política en las tierras bajas orientales.
Ahora, la disputa por el fútbol a grandes altitudes es vista como una causa nacional.
El asunto ha incitado a líderes políticos andinos, porque el veto también afecta a Colombia, Ecuador y Perú. Alan García, Presidente de Perú, calificó a la prohibición de “europeísta e insolente”.
Gran parte del apoyo al veto, de hecho, proviene del vecino Brasil. Tras visitar Bolivia para jugar en Potosí, en febrero, bajo una lluvia congelante a aproximadamente cuatro mil metros de altura, se dice que el Flamengo, uno de los equipos más destacados de Brasil, presentó una queja formal ante la FIFA. “Lo único que no entiendo es por qué tomó tanto tiempo tomar la decisión”, dijo Edson Arantes do Nascimento, leyenda del fútbol brasileño, mejor conocido como Pelé.
En respuesta, un comentarista de El Deber, principal periódico de Santa Cruz, llamó al veto “segregacionista, vergonzoso y ridículo”.