La Asamblea Nacional Constituyente que se reunirá este año para modificar el mapa constitucional del país, debería disolver el Congreso a fin de evitar escollos en la aprobación de las reformas por parte de la oposición, dijo este sábado el presidente Rafael Correa.
La sorpresiva declaración marcó un punto de inflexión frente a anteriores pronunciamientos en los que defendió la coexistencia de ambos organismos mientras se completa el proceso de reforma constitucional, a fin de precautelar el ordenamiento democrático.
"Con esta calidad de Congreso, con la venta de diputados (...) yo creo que la asamblea va a tener que disolver el Congreso. Con esta clase de Congreso no se va a poder hacer nada", dijo Correa.
La disolución del Congreso podría alentar las críticas de la oposición en el sentido que Correa, quien es uno de los mandatarios más populares de América Latina, impulsa un plan político concentrador y estatizante.
Los ecuatorianos acudirán en las urnas el 30 de septiembre para seleccionar a los 130 miembros de la asamblea, que tendrá poderes omnímodos para modificar la Constitución y el aparato institucional.
La amenaza de Correa contra el poder legislativo se produce después que el mandatario ha sufrido varios reveses en el tratamiento de proyectos económicos y políticos considerados claves, como la Ley de regulación del costo máximo del crédito y de optimización de la inversión pública y la Ley de soberanía energética, que pese a contar con el apoyo de partidos minoritarios de izquierda, fueron rechazadas por la oposición.
La nueva Constitución que apruebe la asamblea constituyente deberá ser aprobada en referendo en el 2008.