Hace un par de años National Geographic puso en el aire una serie denominada ‘Extraños días en el Planeta Tierra’. Un capítulo está dedicado a las especies invasoras en el mundo. Aquellos alienígenas que llegan de lugares distantes a colonizar sitios a los que no pertenecen y a los que no hubieran arribado jamás de no haber sido con la ayuda, accidental o intencionada, del hombre.
Podríamos enumerar miles y miles de criaturas y plantas que cruzaron de un continente al otro desde que el hombre aprendiera a cubrir grandes distancias.
Jim Carlton propone: “En cierto sentido, las especies han estado siempre inquietas, retando continuamente las fronteras de sus espacios. Pero mientras ellas podrían avanzar tal vez un centímetro extra, nosotros los humanos recorremos millas extra. Tenemos aviones, llevamos mayor volumen a mayor velocidad, por tanto producimos un número increíble de arribos exógenos. Somos nosotros los que impulsamos este tráfico sin control, a través del transporte global”.
Galápagos no se queda atrás. A partir de datos proporcionados por la Dirección de Aviación Civil sabemos que se realizaron 2.781 vuelos en el 2001, pero en el 2005 se reportaron 3.233 operaciones aéreas.
Con el incremento del número de vuelos, el riesgo de introducción de especies aumenta en forma desmedida. Solamente basta con que llegue un ser microscópico para desencadenar una epidemia.
En el 2001 se reportó por primera vez en Galápagos el mosquito Aedes aegypti y desde esa fecha 539 casos de dengue han sido detectados en las islas. Más de $ 120.000 se han invertido en programas de erradicación de la enfermedad sin ningún éxito, cuando si se hubiera trabajado en prevenir su llegada otra sería la historia. Ahora la peor amenaza, cercana y nefasta, es la fiebre del Nilo del oeste.
El mosquito transmisor del virus ya está en Galápagos, no así la enfermedad. Pero esta se ha detectado en Colombia y Argentina, y posiblemente se encuentra en territorio ecuatoriano.
¿Qué ocurriría de llegar la fiebre del Nilo del oeste? Los seres de Galápagos, incluidos los humanos, han vivido por varias generaciones aislados de plagas y enfermedades. Por tanto, sus sistemas inmunológicos son bastante débiles, y un virus como el del Nilo podría arrasar con poblaciones enteras.
Contamos con ejemplos de varios animales del zoológico de Nueva York cuando llegara la fiebre del Nilo a la costa este de Estados Unidos. Los pingüinos de Humboldt murieron todos; cabe mencionar que esa especie está genéticamente muy emparentada con los pingüinos de Galápagos.
También murieron los cormoranes Guanay, muy similares a los cormoranes nuestros, no más de 1.200 especímenes únicos en las islas occidentales del archipiélago. Se reportó igualmente mortandad de búhos, flamencos, gavilanes y garzas.
Solo hace falta que un único mosquito con el virus llegue a las islas para que sea el fin de muchos animales y, sin duda, el fin de la industria del turismo, y por tanto el desmoronamiento de la sociedad galapagueña que en su mayoría depende de ella.
Urge poner una barrera fuerte y eficaz, porque una vez que el virus entre a las poblaciones nativas será imposible de controlar. Desde el 13 de mayo del 2005, por resolución Nº CSA/43-2005 R.O Nº 17 existe una ordenanza de fumigación de aeronaves, pero esta no ha sido implementada de forma eficiente.
Godfrey Merlen, asesor del Parque Nacional Galápagos y director de WildAid Galápagos, ha tomado la iniciativa de servir de vínculo motivador entre diferentes organizaciones y empresas privadas. Científico dedicado a las islas por más de tres décadas, Godfrey teme el fin de los ecosistemas galapagueños. En abril del 2007 se reunió, con el apoyo del Parque Nacional Galápagos y la Estación Científica Charles Darwin, con representantes de las principales aerolíneas que vuelan a Galápagos.
La directora de Aerogal, Gabriela Sommerfield, ha mostrado su profundo interés por preservar las islas, y en conjunto con directivos de TAME está importando los químicos necesarios para un año de fumigación efectiva que deberían llegar al país a principios de junio.
Se ha contactado a la compañía PSA de Francia, una de las dos en el planeta especializadas en limpieza y fumigación de aviones. PSA trabaja mundialmente con 60 compañías de aviación y ofrece procedimientos de fumigación, aprobados y recomendados por la Organización Mundial de la Salud, durante vuelos y mantenimiento.
Pero para que esto resulte efectivo hacen falta otros factores. Primero se requiere que todos los aviones, privados, comerciales o de carga, salgan del mismo puerto de embarque, Guayaquil. Se necesita mayor personal en el SESA-Sicgal, organismo que se encarga de la ejecución de la inspección y cuarentena para Galápagos; se requiere del apoyo de la FAE con los aviones militares que vienen ocasionalmente a Galápagos; también de la DAC, que otorga los permisos de vuelo de aviones comerciales y privados.
Además debe informarse a cada pasajero del avión sobre la delicadeza e importancia del archipiélago encantado, para que colabore en el control de especies introducidas.
Si durante un vuelo a Galápagos vemos por los corredores a un sonriente asistente de vuelo rociando aerosol, completamente incoloro, no habrá que alarmarse, más bien sintámonos orgullosos y solidarios con una medida que nos beneficia a todos contra el mayor riesgo que acecha a las islas en los actuales momentos, la fiebre del Nilo del oeste.