- JUN. 10, 2007 - Foto - El País - EL UNIVERSO
El 17 de marzo de este año, un grupo de más de 30 punks irrumpió en el Centro Comercial Espiral, en busca de Mauricio Naranjo (Murdok), uno de los líderes de los skinheads ecuatorianos, que tiene su local de tatuajes en ese sitio. Querían –dicen– vengar el acuchillamiento de dos de sus amigos. El ataque incluyó armas, bates y golpes, dejó vidrios rotos y varios heridos. La policía detuvo la gresca con mucho esfuerzo.
Murdok –que se autocalifica como Sharp o antirracista– dice que no es la primera vez que lo agreden. Hace un año recibió tres puñaladas. Sus amigos skins señalan como culpable al Comité, líder de los punkeros.
El movimiento antifascista (punkeros, roqueros y militantes de izquierda) dice sentirse amenazado. El 23 de mayo pasado presentó en la fiscalía de Pichincha 16 denuncias de jóvenes por ataques con cuchillos y botellas de “los calvos”.
El jefe de la Policía Judicial de Pichincha, coronel Rodrigo Tamayo, asegura que las denuncias –no sabe cuántas– han pasado “a las autoridades competentes”. Mientras tanto, el Ministerio de Gobierno en un comunicado advierte que “en conocimiento de que se están conformando grupos violentos de jóvenes Cabezas Rapadas”, se garantiza la convivencia pacífica. Pero ni punks ni skins les creen, están dispuestos a saldar cuentas por cuenta propia.