Domingo 03 de junio del 2007 Religiosa y Obituarios

Más y más y más y más

Dios y yo

No puedo precisar detalles, mas la sustancia de lo que le contaré, me viene a la memoria para aconsejarle este domingo.

Fue un hispánico conquistador que se instaló –quizás después de haber usado la violencia– en una pintoresca islita del Caribe. Tenía gran pasión por la navegación y los descubrimientos. De modo que el buen hombre, según aseguraba el libro –o mejor dicho, su autor– puso a los pies de su escudo una leyenda un tanto cursi: “De la espada y el compás… más, y más, y más, y más”.

Desde luego aquel señor se hallaba en todo su utilizar como quisiera su compás. Mas no se le podía autorizar a usar su espada, salvo para defenderse. “más y más y más y más”.

En todo caso esos versos, para hacer mi oración aquel día, me sirvieron como apoyo. Solo tuve que cambiar unas palabras para armar una aleluya muy sabrosa: “Del Amor y del orar… más y más y más y más”.

Hoy las estoy aprovechando nuevamente para orar durante el día.
Porque me ha venido al corazón y a la cabeza, ante la Solemnidad de la Santísima Trinidad que se celebra este domingo, el llamado Trisagio Angélico. Una devoción tradicional, con la cual se ofrece a Dios, precisamente tres días, lo que le cantan sin cesar los coros celestiales: “Santo, santo, santo; Señor, Dios de los ejércitos; llenos están los cielos y la tierra de Tu gloria”.

Para vivir el Trisagio (del griego “tris”, tres; y “agios”, santo) he vuelto a utilizar lo del conquistador de la espada y el compás. He vuelto a fabricarme una aleluya que expresa mi deseo más sincero: “Que alabe a la Trinidad… más y más y más y más”.

Se trata del secreto de la vida. Tanto de la corta que gastamos en la tierra, como de la que jamás se acabará en el Cielo. Se trata de lo que nos corresponde hacer en este mundo, para que el Señor premie con la bienaventuranza eterna.

Pero si este endeble verso me recuerda en estos días ayuda a recordar lo que pide la Divina Trinidad, también estoy utilizando otro artilugio. Uno que procede de lo que le dijo San Josemaría a un joven de Ecuador en Roma.

Este alegre ecuatoriano –muy joven por aquel entonces– ya había repetido el buen café romano. Por lo cual, al invitarle San Josemaría a que tomara una segunda taza, confesó tímidamente: “Es que ya me he repetido, Padre”. Y entonces San Josemaría, el santo de lo ordinario, le dijo divertidamente: “Pues mejor. Te tomas la tercera y así te acuerdas de la Santísima Trinidad”.

Cuando ya el joven se sirvió la taza tres, el Santo le encargó: “Y cuando vuelvas a tu tierra… no dejes de contarlo”.

San Josemaría le enseñó lo que durante muchos siglos, los amantes de la Trinidad han practicado: servirse del número tres para honrar a la Divina Trinidad. Hoy lo escribo por doble motivo: porque quiso San Josemaría que se conociera en Ecuador, y por aquello del conquistador y el más y más.
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