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| Dos ex representantes de Ecuador en el concurso cuentan sus experiencias |
El Miss Universo, un certamen de belleza que provoca reacciones |
Junio 03, 2007
Carmen Cortés
Criterios. Para unos, el torneo responde a intereses económicos y políticos; para otros, es una empresa más de Donald Trump.
Las reacciones acerca de la elección de Riyo Mori como Miss Universo y de quiénes resultaron finalistas y semifinalistas del concurso de belleza son variadas. Para unos, la japonesa merecía el título porque hizo un buen papel. Para otros, sin desmerecer los atributos de la ganadora, el certamen cuyo propietario es el empresario estadounidense Donald Trump responde a intereses económicos y políticos.
“Ese concurso me pareció arreglado. Se lo dieron este año a la de Japón porque en la edición anterior una japonesa quedó en segundo lugar”, señala una cibernauta en el sitio www.blogalaxia.com, uno de los tantos blogs creados a propósito de la elección de la mujer más bella del planeta, gala que se desarrolló el pasado 28 de mayo en México.
Como ejemplo de las preferencias, en la web también se señala lo ocurrido con Miss Estados Unidos, Rachel Smith, quien en su desfile por la pasarela se resbaló y cayó, y sin embargo fue finalista. “Si hubiera sido de otro país no se la habría considerado”, dice en otro blog Sonia, desde Colombia.
De su experiencia, Katty López, quien representó al país en el Miss Universo del 2006, dice que las preferencias son reales. “El Miss Universo lo realiza la misma gente de Miss Estados Unidos, por tanto sus candidatas nunca quedarán fuera”.
María Susana Rivadeneira, que concursó por Ecuador en el 2004, agrega que “no es novedad que Miss USA quede casi siempre entre las finalistas. Unas veces con mérito y otras no. “Pero se debe reconocer que un accidente le puede pasar a cualquiera y que ella (Smith) reaccionó con aplomo”.
No obstante, de que hay preferencias las hay, añade Rivadeneira, quien considera que estas son sobre todo políticas “y no a favor de la ganadora, sino de las finalistas”. Para López, en cambio, los favoritismos tienen más peso económico. “Cuando fui al concurso supe que para enviar a sus representantes cada país paga una franquicia. Ecuador cancela $ 15 mil frente a otras naciones que envían entre $ 80 mil y $ 100 mil”.
Mientras mayor es el pago de la franquicia, mejor opción tienen las concursantes, estima López. Comenta, además, que en el 2006 la candidata de Argentina quedó entre las finalistas y ese país durante tres años no había participado en el certamen. “Fue claro el interés de animarlos a volver”.
Según López, si Ecuador no eleva el pago de las franquicias al menos debe constar con publicidad en la revista del certamen, “porque con eso suma puntos. Una cervecería de Tailandia es el mayor auspiciante y sus candidatas clasifican”.
El Miss Universo es un negocio de Donald Trump, opina López, a quien le pareció que él escoge a las semifinalistas. “En uno de los ensayos nos presentaron ante él en grupos de diez. Nos hicieron poner la banda con el nombre del país que representábamos y mientras desfilábamos él dictaba algo a la persona que lo acompañaba”.
Aunque no se puede generalizar, hay casos en que el jurado del Miss Universo no es imparcial, agrega Rivadeneira, mientras López cree que los jueces de la gala final sí hacen la elección, “pero con las semifinalistas que les indican”.
En el Miss Universo hay dos jurados: el de la preliminar, que entrevista a las candidatas y nombra a las semifinalistas, y el de la final, anota María del Carmen de Aguayo, quien integró el staff nacional que asumió el certamen cuando este se realizó en Ecuador, en el 2004.
Añade que ambos son escogidos por la organización del concurso, que señala las reglas y políticas que se deben seguir.
El analista político Hernán Pérez prefiere creer que en el Miss Universo influye más el sentido globalizador. “No creo que existan preferencias regionales, de lo contrario hemos sido favorecidos porque las reinas venezolanas han conseguido varias coronas”, dice.
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